Centroamérica es definitivamente una de las regiones más violentas del mundo y si bien es cierto que esta afecta a todos los estratos y grupos sociales, son las personas del colectivo LGBTIQ+ las que se ven impactadas de manera desproporcionada por un patrón de desplazamiento violento, violencia sexual, desapariciones, pandillas y extorsiones. Además, la región es el epicentro de la migración; para muchas personas del colectivo LGBTIQ+, la única solución para escapar de los altos niveles de violencia es el desplazamiento transfronterizo y buscar asilo en países como Estados Unidos o México. Una violencia hacia las personas de la diversidad sexual que, en la mayoría de los casos, inicia en el seno del hogar, continúa en las escuelas y se extiende en todos los espacios públicos, incluidos aquellos en los que se toman decisiones políticas.
La ausencia de estadísticas oficiales y el escaso reconocimiento de la violencia basada en la orientación sexual e identidad de género en la región han sido grandes obstáculos para la formulación de políticas públicas efectivas. Según el estudio realizado en 2024 por la Iniciativa Latinoamericana por los Datos Abiertos (ILDA) de personas que sufrieron alguno o varios tipos de violencia por prejuicio por su orientación sexual y/o identidad de género, más del 50% de los casos reportados son jóvenes de entre 18 y 39 años, con empleo formal, el 70% de los perpetradores de la violencia era de personas conocidas y el 20% perpetrados por autoridades o policías.
Por supuesto que hay que reconocer que ha habido algunos avances en los países de la región en el reconocimiento de la realidad de las personas LGBTIQ+. Mientras Costa Rica ha sabido abrazar de forma más abierta el abanico de la diversidad sexual, Guatemala da pasos firmes en representatividad a nivel político, pero no se atreve a hablar de matrimonio igualitario; y al fondo, muy al fondo, El Salvador y Honduras siguen siquiera sin investigar con firmeza los crímenes de odio que, aunque empiezan a ir a la baja, tienen raíz profunda en la discriminación que aún se niega. Hasta hace muy pocos años, el marco legal de Guatemala y Costa Rica incluían leyes que tipificaban como delito la homosexualidad, etiquetándola como sodomía; de hecho, el país de la región que más ha avanzado en reconocer los derechos de la población LGTBIQ+, esto es Costa Rica, ha sido el último en sacar de sus códigos penales las disposiciones que criminalizaban los actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. En Honduras y El Salvador nunca ha sido ilegal ser parte del arcoíris, pero eso tampoco ha hecho que el Estado garantice derechos.
Un aspecto que influye en la lentitud de los cambios es que Centroamérica sigue siendo una región asentada en valores morales alejados de la laicidad, democracia y respeto que sus formas republicanas de gobierno predican. La mayor parte de la sociedad política centroamericana no se caracteriza por informarse y preocuparse por garantizar el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos sin importar su orientación sexual e identidad de género. En la mayoría de los países del istmo centroamericano, las narrativas de odio hacia el colectivo del arcoíris se siguen fortaleciendo, especialmente en lo relacionado al matrimonio igualitario unido a las inexplicables desinformaciones en temas de desarrollo social como es el caso de la “Agenda 2030”, un marco de acción global para reducir las brechas sociales en las sociedades. Un panorama nada alentador al que se suma que grupos conservadores y evangélicos están usando los temas LGBTIQ+ para luchar contra la igualdad de género, buscando y produciendo una reacción negativa tanto para los derechos de las personas LGBTIQ+ como de las mujeres.
Tal vez, una de las respuestas más efectivas ante esta situación del colectivo sea que la presencia pública de la población LGBTIQ+ ha crecido en manifestaciones y marchas del Orgullo o al Desfile de la Diversidad Sexual e Identidad de Género como se denominan en algunos países del istmo centroamericano, como parte de una acertada estrategia de reivindicación de derechos: exigir la igualdad de oportunidades y el acceso a derechos civiles y sociales y de visibilización del combate a la violencia, demandando el fin de los crímenes de odio, la homofobia, la bifobia y la transfobia. Y en el marco de las recién finalizadas celebraciones por el día del orgullo en Guatemala y en las principales ciudades de Centroamérica, deseamos unirnos a la reivindicación del colectivo con la lectura de un poemario intenso, sincero, asertivo y honesto.
Hoy celebramos nuestro orgullo marica con el poemario Ojo de loca del poeta nicaragüense Reynaldo Borda.
Ojo de loca es el primer poemario publicado del escritor nicaragüense Reynaldo Borda que dialoga sobre el existir, la sociedad y la familia desde una perspectiva de diversidad sexual. Este poemario rebosa la honestidad y valentía de una persona que ha visto tener todo en su contra desde temprana edad por el simple hecho de ser diferente pues vivimos en una sociedad que pretende estandarizarlo todo: las formas de pensar, de sentir, de crear e incluso de vivir, apoyándose en un sistema de valores heredado que hace tiempo dejó de responder a la complejidad del presente.
34 son los poemas de Ojo de loca, organizados en cuatro capítulos. El primero, titulado Las locas no se equivocan, abre con la cita:
“Sí, la valentía es una locura, pero llena de grandeza” del escritor y disidente cubano Reinaldo Arenas cuya una de sus obras más populares, quizá por haberse llevado a la gran pantalla, es su novela autobiográfica “Antes de que anochezca”.
En este capítulo encontramos los poemas A Recursos Humanos, Ojo de loca, Sobre tus gustos, Prisioneros, Terapia de conversión, Las cosas que me enfurecen, Culposos y Regla de comportamiento.
La fuerza de los poemas que Reynaldo acuerpa en este capítulo está cargada de asertividad y valentía, consecuencia, tal vez, de la madurez cosechada tempranamente cuando una persona se ve obligada a enfrentar y defender su esencia como individuo ante una sociedad discriminatoria. Los versos de Reynaldo son el reflejo de una actitud de valentía marica, que bofetea a esa sociedad lacerante con la autenticidad que significa enfrentar el rechazo social, tomar la decisión de ser visible y defender el derecho a amar, a existir y a ser libremente.
En el poema A Recursos Humanos, Reynaldo escribe:
Lo más valioso que poseo
es la valentía para tolerar las burlas.
Acuso con libertad, si van a contratarme.
El segundo capítulo se titula Más sabe la loca en su casa y se aferra a la cita con la que da inicio:
En las relaciones con el «diferente», intolerancia o tolerancia son lo mismo
de Pier Paolo Pasolini, incluida en su libro de ensayos “Cartas luteranas” y en el podemos encontrar los poemas Declaratoria de heredero, Pregunta de cajón, Vestido de overol, De las canciones y el reclamo, Tu hermanito es maricón, Bitácora personal de una madre, No te daré las gracias, papá, Ronda de lectura para los hombres de la familia y Prolongaciones.
En este capítulo, la poesía de Reynaldo son las confesiones de una persona, cansada de la falsa moral y la hipocresía. Sus poemas son audaces y combativos; críticos con la sociedad que niega los diferentes, a las minorías, a los que se salen de la norma establecida, (en este caso, los homosexuales) señalando que el rechazo violento y la falsa compasión son, en el fondo, manifestaciones del mismo desprecio.
En su poema Declaratoria de heredero, el poeta declama:
Sin haber dejado testamento,
mi padre ha fallecido.
Su aversión hacia mí
es mi legado y un tormento
con la medida exacta de mi cuerpo.
En tercer capítulo, titulado Algunas veces es cordura fingir locura, abre con la cita:
Hombres felices, no porque son varoniles sino porque están vivos del escritor británico Edward M. Forster, perteneciente a su novela Una habitación con vistas, publicada en 1908. Los poemas acuerpados en este capítulo son Levítico, Sodoma y Gomorra, Primera carta de Pablo, Breviario de Jonatán a David, Promesa de regreso, No hay cielo, La confesión, Modo de vida, Vividor y Testimonio.
Con estos poemas, Reynaldo Borda celebra la espontaneidad y la plenitud de la vida por encima de las estrictas normas sociales abonadas por una oprimente visión patriarcal de la realidad que le ha tocado vivir. Centroamérica se caracteriza por un profundo arraigo del cristianismo, de valores religiosos sumamente tradicionales y en contraste con las agendas progresistas buscan avanzar en derechos civiles, equidad de género y secularización.
En la composición Levítico, el poeta Reynado escribe:
Y habló Jehová diciendo:
Te acostarás con personas del mismo sexo.
Serán admirados por el resto de sus vidas.
Guarden mis ordenanzas y vivan siempre
de acuerdo con ellas.
El poemario de Reynaldo Borda cierra con el capítulo Cada loca con su tema, en el que el autor abre con la cita:
Mi inevitable loca, mi inolvidable loca del escritor y artista visual chileno Pedro Lemebel, verso que perteneció a la crónica Los mil nombres de María Camaleón, incluida en el aclamado libro Loco afán: Crónicas de sidario, publicado en 1996.
Aquí encontraremos los poemas Madre, Trámite, Si no puedo dormir, Debilidades, Medida de seguridad, Terminal de autobuses y Cositas curiosas.
En este capítulo, Reynaldo rinde un homenaje poético, político y melancólico a las “locas” de la diversidad, quienes siguen resistiendo la incomprensión, los anhelos diluidos por la cotidianeidad de un momento y las ausencias de afecto que nos llenan de duelo.
En su poema Medidas de seguridad, Reynaldo declama:
De mis emociones,
debo cerrar los ciclos
para que no se conviertan en puertas
por donde el insomnio me ciegue
mientras espero al sol.
El peso de la cultura machista instalada en Centroamérica se patentiza en todos los aspectos de la vida cotidiana. De hecho, la palabra “maricón” se utiliza ampliamente en la región como un insulto arraigado en el lenguaje cotidiano y las estructuras sociales. Al igual que “loca”, de uso coloquial y despectivo, para hombres homosexuales considerados muy afeminados o exagerados en sus gestos. Y ambos se unen a otros modismos coloquiales como Hueco en Guatemala, Culero en Honduras y el Salvador, Cochón en Nicaragua y Playo en Costa Rica.
Conceptos que a menudo se emplean para degradar no solo a homosexuales, sino a cualquier hombre que no cumpla con los estándares tradicionales de la masculinidad. Pero lo interesante, más allá de la riqueza conceptual del idioma, es su reapropiación dentro de la comunidad queer con ironía. Así como el poeta Reynaldo Borda hace con este poemario, pues su poesía marica emerge como un acto de resistencia y valentía contra la sociedad centroamericana profundamente conservadora. Un amplio abanico de palabras peyorativas de las que nos reapropiamos para asumir nuestra propia identidad desde una ironía que la vida nos obliga a abrazar como un acto de defensa propia pero también como resistencia: Ni para el poeta Reynaldo Borda ni para los miembros del colectivo, la palabra “loca” es un insulto. Es una identidad política, marica, transgresora y popular que se enfrenta al machismo para confrontar la violencia estructural y reclamar la visibilidad frente al silenciamiento impuesto por el Estado y la religión. El poeta Reynaldo nos anima a apropiarnos de palabras, espacios y existencias para resignificarlos. Al igual que su poesía, son acciones de resistencia en un ambiente social y político que se vuelve cada vez más hostil con las personas LGBTIQ+.
Sin embargo, la cultura homófoba arraigada en los países del istmo se traduce en una fuerte presión social y familiar para mantener una apariencia heterosexual, esto es, alejada del amaneramiento, lo que muchas veces genera aislamiento o la necesidad de llevar una doble vida por parte de muchos hombres homosexuales. En el ámbito laboral, por ejemplo, muchos se ven forzados a adoptar expresiones o comportamientos “heteronormados” para evitar la discriminación, perder ascensos o sencillamente conservar sus empleos.
En la composición Modo de vida, el poeta declama:
El hombre que grita «maricón» cada vez que paso,
es el mismo que luego escribe en una red social
que, si le doy dinero, tendremos sexo.
De esta manera, declara su inmunda supervivencia.
Y en el poema Culposos, el escribe:
“Cuando puedas, ven”,
le escribo en un mensaje de texto
al hombre casado
con quién hago el amor de vez en cuando.
Así rompemos la burbuja de su fidelidad.
Antes de casarse, su esposa
debió conocer sus gustos.
Los versos maricas, valientes y transgresores de Reynaldo Borda está abrazados por una potente y simbólica ilustración de la cubierta que, más que ilustrar el contenido del poemario, funciona como un auténtico poema visual: nos invita a reflexionar sobre quién mira, quién es mirado y cómo la diferencia se construye y se expone en el espacio social. La ilustración de Ojo de loca se caracteriza por la repetición de una multitud de ojos amarillos con pupilas en espiral que evoca una sociedad que observa, juzga y vigila, mientras un único ojo blanco rompe el patrón y se convierte en el centro de la composición, representando la diferencia, la identidad y la disidencia frente a la norma. El contraste cromático entre el amarillo, el negro y el blanco intensifica la sensación de alerta y visibilidad, reforzando la idea de que la mirada puede ser tanto un mecanismo de control como un acto de resistencia.
Jimena Pons Ganddini, destacada diseñadora y artista gráfica guatemalteca, reconocida por transformar temas sociales de alta complejidad (como la migración, la violencia o la memoria histórica) en narrativas gráficas potentes y accesibles, diseñó la cubierta del poemario. Y la artista plástica salvadoreña Carmen Elena Trigueros, cuyas intervenciones artísticas giran en torno a la mujer, su rol social y la vida doméstica, se encargó de la ilustración interior.
Vivir bajo el estigma y la discriminación afecta profundamente la salud mental, llegando a reducir la expectativa de vida, sin mencionar que la violencia hacia las personas de la diversidad sexual que, en la mayoría de los casos, inicia en el seno del hogar, continúa en las escuelas, espacios que deberían ser seguros y afectivos.
En el poema Tu hermanito es maricón, Reynaldo exclama:
Todos los días al salir de la escuela,
un grupo de niños abre mi mochila
como quien abre una fosa común.
Mi ser es la causa. Escupen sobre mí
y los puntapiés que lamento
son semejantes a paladas de tierra.
Y en la composición Prolongaciones, el declama:
El sonido del monitor cardíaco le recuerda la voz de su
primo condenándolo:
“En este mundo, los anormales como vos, deben
soportarlo todo”.
Si bien es cierto que las nuevas generaciones maricas cuentan con más y mejores mecanismos de respuesta, aquella generación que nacimos en los años setenta u ochenta del siglo veinte, en algún momento de su vida, especialmente en la adolescencia, se inhibió de hacer nada para evitar padecer acoso y agresiones. Esconder una parte de sí mismo para encajar y no exponerse a la violencia en el colegio tiene sus consecuencias, especialmente cuando conlleva negar su orientación sexual. Muchos maricas que ahora tenemos los 40 o 50 años, fueron obligados a buscar mecanismos para ‘cambiar’, entre ellos las supuestas ‘terapias de conversión’, para que, a través de la oración, “se curaran de esta condición”.
El poeta, en su composición Terapia de conversión, escribe:
Dios, estoy anestesiado y desnudo,
sometido a violaciones correctivas.
Me expuse a esos hijos tuyos, que al igual que yo,
usan tu nombre para todo.
Y en su poema Las cosas que me enfurecen, el recita:
Entre las cosas que me enfurecen están las iglesias
y cierta clase de personas que ven mi sexo
y declaran de forma absoluta mi género.
Los retos actuales de la población LGBTIQ+ en Centroamérica se centran en una grave crisis de violencia y crímenes de odio marcados por la impunidad, lo que provoca el desplazamiento forzado y el exilio de miles de personas. A esto se suma un profundo vacío legal debido a la falta de leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario en la mayoría de los países (con excepción de Costa Rica), empeorado por el auge de discursos conservadores y la persecución política hacia activistas y defensores de derechos humanos en la región. La percepción social actual hacia el mundo homosexual en Centroamérica está marcada por una fuerte polarización, combinando el aumento de la visibilidad y el activismo en las zonas urbanas con el fuerte arraigo del conservadurismo religioso y una violencia estructural persistente, especialmente en el Triángulo Norte, esto es Guatemala, El Salvador y Honduras. En la vida diaria y en entornos laborales o familiares, persisten estereotipos que limitan el desarrollo personal. En el poema Cositas curiosas, el poeta escribe:
Una mujer afirma:
«Los homosexuales guapos son un desperdicio».
«Una transexual no es una mujer».
«Está bien que sean lo que quieren ser, pero, ¿por
qué pregonarlo?»
La sociedad centroamericana heteronormada se empeña en emitir opiniones no solicitadas sobre el colectivo del arcoíris: intromisiones o agresiones, que incomodan, invalidan sentimientos o cruzan límites personales.
Un hombre declara:
«Dos mujeres besándose, está bien, pero ya dos hombres no».
«Eres muy femenina para ser lesbiana».
«¿Quién es el hombre o la mujer en la relación?»
recita en el poema Cositas curiosas.
Ojo de loca no se equivoca y los poemas de Reynaldo Borda contribuyen sobremanera a la afirmación de la identidad gay, ya sea por su celebración del deseo, la autenticidad, la resistencia o la construcción del yo, mostrando distintas formas de vivir y afirmar la diversidad afectiva y sexual. Y es también una invitación velada a analizar la masculinidad tóxica de la sociedad nicaragüense y por extensión, de la centroamericana. Pues como el afirma, “y así transcurre la vida de las locas, plagada de correctores que no necesitamos”.
Reynaldo Borda escribió Ojo de loca y Editorial Ojo de cuervo la publicó en 2024.
Reynaldo Borda nació en 1989. Poeta, periodista, fotógrafo, locutor de programas culturales y facilitador de arte infantil y juvenil nicaragüense, es licenciado en Periodismo por la Universidad de Managua y cuenta con estudios en desarrollo local y administración bajo los principios de la Asociación de Promotores de la Cultura.
Reynaldo Borda obtuvo el primer lugar en el Concurso de Poesía del Encuentro de Jóvenes 2014, dedicado a la memoria de mártir sandinista Rigoberto López Pérez. Sus poemas han aparecido en la revista Deshonoris causa y en el desaparecido semanario El sol, así como en el libro Arando el aire: la ecología en la poesía y la música de Nicaragua del catedrático estadounidense Steven F. White. Fue incluido además en la antología de poesía de jóvenes del Movimiento Cultural Leonel Rugama en 2014. También en el libro El material de tu sueño: cuatro voces de la nueva poesía en León de la Promotora Cultural Leonesa en 2015), cuya selección fue realizada por la poeta Esthela Calderón. Ojo de Loca es su primera publicación realizada en 2024 por Editorial Ojo de Cuervo de El Salvador. También es autor de las obras inéditas Oficio Puntual y Mínimas Desobediencias. Ha participado en los Ciclos Culturales de León, organizados por la Promotora Cultural Leonesa y ha formado parte en diferentes talleres literarios y recitales como el Festival Internacional de las Artes 2021 en Nicaragua.
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Fuentes consultadas
Borda, Reynaldo. Ojo de loca. San Salvador: Editorial Ojo de cuervo, 2024. ISBN: 978-99983-986-9-6.
Muestra poética de Reynaldo Borda (2025). En: Periódico poético (agosto). Recuperado de: enlace
Poesía nicaragüense: Reynaldo Borda (2024). En: Círculo de poesía, Poesía panhispánica (4 de junio). Recuperado de: enlace
Poesía internacional: Reynaldo Borda (Nicaragua) (2024). En: Revista Kametsa (17 de marzo). Recuperado de: enlace
4 textos de Reynaldo Borda (Nicaragua) (2023). En: Revista de literatura. Recuperado de: enlace
Identidades hegemónicas son base de discriminación, coinciden experto (2022). En SEMLAC (16 de marzo). Recuperado de: enlace
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Lara, Carlos (2024). El Triángulo Norte centroamericano expulsa a la diversidad sexual. En Presentes (31 de enero). Recuperado de: enlace
Nóchez, María Luz (2019). Centroamérica y su dilema con la diversidad. En El País (28 de junio). Recuperado de: enlace
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Avanzando por los derechos LGBTIQ+ en Centroamérica (2022). En Hivos. Recuperado de: enlace
Hassel, Fallas (2024). Invisibles, no más: evidenciando la violencia por prejuicio hacia personas LGBTIQ+ en Centroamérica. En la Iniciativa Latinoamericana por los Datos Abiertos (ILDA). Recuperado de: enlace
Mendoza, Harold (2021). Ser pobre, cholo y maricón en Latinoamérica. En Corresponsales Clave (1 de diciembre). Recuperado de: enlace














