Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo nacido en Polonia y nacionalizado británico, y referente de la sociología contemporánea, acuñó los conceptos de modernidad líquida, sociedad líquida o amor líquido para definir el actual momento de la historia en el que tanto las realidades sólidas de nuestros abuelos o padres y abuelas o madres, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido. Y han dado paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador. Vivimos tiempos acelerados, y eso se patentiza en todas nuestras facetas de la vida. Cada vez es más difícil dedicar un tiempo prolongado a hábitos lentos como el de cocinar, pasear, conversar o leer. Pero en el caso de la lectura, esta tiene la versatilidad y resiliencia gatuna; se adapta a todos los contextos y tiempos. Y estamos seguros de que su respuesta a estos tiempos acelerados de publicaciones instantáneas, virales y con fecha de caducidad reducida, es el subgénero narrativo de la minificción.
La minificción es un término usado por algunos críticos literarios para designar un género literario breve mayormente narrativo y lúdico, irónico, metaficcional e híbrido. Para estudiosos como el teórico literario e investigador mexicano, Lauro Zavala, esta surgió a principios del siglo XX y sus raíces se encuentran en los movimientos vanguardistas. Denominada microrrelato en España y Argentina, minicuento en Venezuela y Colombia, minicuento o microcuento en Chile y minificción en México y Centroamérica, en la mayor parte de las denominaciones propuestas se hace evidente dos constantes: la brevedad y un proceso narrativo. La primera sirve para diferenciarla de la novela, y la segunda del aforismo, la greguería, el epígrafe y el haiku, entre otros. La minificción es narrativa e hiperbreve caracterizada por la hibridez como el rasgo de un género omnívoro, es decir, que aprovecha residuos de otros géneros y formas literarias para darles nueva vida llevando a cabo una suerte de reciclaje, en su propio beneficio.
En la primera etapa del desarrollo de la minificción latinoamericana, entre 1880 y 1945 ‒ es denominada como período moderno por su vínculo con el modernismo y vanguardias. Todos estos primeros escritores de brevísimas narrativas crearon textos experimentales, inicialmente clasificados como poemas en prosa, hoy en día señalados como antecesores de la minificción contemporánea. En la segunda etapa ‒ que abarca entre 1940 hasta finales de los años 90, Centroamérica muestra un desfase de desarrollo en relación con el resto de Latinoamérica. Estos son los años de los autores que llevaron la exploración de los fundadores a una forma más pulida: Augusto Monterroso en Guatemala, Álvaro Menen Desleal en El Salvador, Óscar Acosta en Honduras, Juan Aburto en Nicaragua y Francisco Zúñiga Díaz en Costa Rica son los algunos de los principales exponentes de la minificción centroamericana de esta época. Y la tercera etapa del desarrollo de la minificción corresponde desde los años noventa hasta nuestros días. En esta etapa se multiplicó la producción literaria, así́ como las investigaciones, el surgimiento de editoriales especializadas y la organización de congresos. Y en este período, es cuando Centroamérica comienza a marcar su impronta en la génesis de la minificción latinoamericana.
El académico, investigador, escritor y minificcionista hondureño Víctor Manuel Ramos, afirma que, aunque la minificción hondureña, y por extensión la centroamericana, no se ha logrado posicionar en el panorama de las antologías latinoamericanas e iberoamericanas, sobre todo por una cuestión de comercio editorial, resulta claro que ya hay material del cual extraer elementos de representatividad, y que valdría la pena detenerse a estudiar como punto de partida de la minificción hondureña, mientras se siguen generando más compilaciones que ayuden a detectar la creación minificcional de la región. En centroamérica entre líneas nos aferramos a la afirmación de este académico y escritor hondureño y en el capítulo de hoy vamos a transitar por una compilación de narrativas mini ficcionales de Honduras: El baile del dinosaurio: antología de minificción hondureña, compilada por José Zelaya y Elisa Logan.
El baile del dinosaurio, una antología de minificciones escritas por autores hondureños recoge más de 50 microrrelatos de 21 microficcionistas cuyo bagaje literario navega en diversas áreas, como la poesía, el ensayo, las novelas o los cuentos infantiles.
Alejandra Flores Bermúdez, Alex Darío Rivera, Daniel Callejas Cruz, Débora Ramos, Eduard Herrera, Elisa Logan, Ernesto Bondy Reyes, Indira Flamenco, Ixchel Ayes Rivera, Javier Vindel, José Zelaya, Juana Guerrero, Kalton Bruhl, Karla Herrera, Miguel Barahona, Óscar Fernando Sierra Pandolfi, Perla Lusete Rivera Núñez, René Miguel Barahona, Ricardo Álvarez Moncada, Tatiana Sánchez y Víctor Manuel Ramos son los escritores antologados por los también escritores minificcionistas hondureños, José Zelaya y Elisa Logan.
Esta antología busca despertar la imaginación y los sentidos de quien la lea, pero también con la capacidad de reconocer y aceptar la multiplicidad de significados y estilos planteados en esta muestra de lo que es la minificción hondureña. Para los compiladores de esta antología, cada microrrelato puede ser el comienzo de sentido para el lector, es decir, es el lector quien le dará el final; porque todo lo que tiene que ver con nosotros, tiene cabida en la brevedad de una minificción.
La escritora Elisa Logan, en su mini relato Taujica, escribe:
El río, que dormía tranquilo, con el paso de Iota comenzó a despertar. Crecía, crecía y crecía. Se llevó las piscinas de tilapia, los sueños, los amores y hasta la tierra que es la sagrada herencia de los ancestros.
El género del microrrelato o la minificción tiende puentes a otros géneros literarios. La novela, el cuento largo, la poesía, el ensayo, el relato periodístico entre otros, tienen cabida en este género que se perfila como un nuevo boom de la literatura latinoamericana del siglo XXI, tal vez arropado por la realidad líquida en la que vivimos. La escritora nicaragüense María Montealegre plantea que la minificción se basa en “decirlo todo con casi nada y decirlo bien”. En su materialidad mínima se inscribe una magnitud abstracta, en donde es posible encontrar la ironía, el sarcasmo, sadismo, la metáfora, la sinécdoque, el teatro, la hipérbole, el oxímoron, pequeños textos que pueden ser reflejos, deformaciones o reducciones de grandes textos a través de síntesis que recuentan de otra manera una historia de todos conocida, tal y como se puede apreciar en el microrrelato Anuncio de José Zelaya. El autor relata:
Se busca a dos hombres, acaban de escaparse del manicomio. Se dará recompensa a quienes brinden información de su paradero. La última vez que se les vio, fue en el pueblo vecino diciendo que unos molinos de viento querían atacarlos.
Laura Pollastri afirma que la microficción nació como una literatura atípica y que con el paso de los años este género literario se ha ido posicionando hasta lograr una legibilidad estética y el reconocimiento por parte de los círculos académicos. La crítica literaria suele fijar en las décadas entre los cincuenta y los sesenta el nacimiento de la microficción, así como hoy la entendemos: a estas brevedades atípicas se dedicarían, en aquel momento, autores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares o Julio Cortázar, que con su escritura provocativamente desafiaban y reinventaban las convenciones y los códigos de los géneros. Las formas brevísimas de literaturas serían un gesto de ruptura de la tradición en contra de unos de los géneros más fecundos de las literaturas latinoamericanas: el cuento.
Estas nuevas formas de escribir y de entender el imaginario literario se caracterizan por su espíritu anárquico y su poligeneridad. Entre las diferentes visiones y percepciones de los investigadores y teóricos literarios, hay opiniones encontradas sobre lo que es y lo que no es la minificción o el microrrelato: el mexicano Lauro Zavala cataloga la dimensión fantástica en la minificción latinoamericana, la colombiana Nana Rodríguez Romero la vincula con lo sobrenatural y el chileno Juan Armando Epple reivindica lo policial. Las temáticas pueden ser múltiples y esta antología da cuenta de eso. En ella podrán encontrarse diversos estilos, temas y extensiones desde dos líneas hasta una cuartilla y un poco más.
En palabras del escritor, editor, gestor cultural guatemalteco Rudy Alfonso Gómez Rivas, la minificción es una suerte de conjuro que, como red, atrapa instantes, devela lo insospechado, lo irónico, lo más increíble y mágico de los variados vericuetos que ofrece la vida. A efectos prácticos, para José Zelaya y Elisa Logan, compiladores de esta antología, decidieron tomar para esta convocatoria textos no mayores a 405 palabras y con temática libre. El baile del dinosaurio ofrece una ruta en donde se mapean distintivamente voces y estilos novedosos, nutridos por la hibridez de los géneros, la fineza en la elipsis, lo sinuoso de la intertextualidad, la precisión del lenguaje, la espléndida narratividad, el brillo del humor, el ingenio de lo lúdico.
En esta antología navegamos en un breve firmamento de estrellas, intensas, fulgurantes, extremas y fugaces. Como la poeta y escritora Débora Ramos en su minificción titulada En el mismo portal, escribe:
Pasaron veinte primaveras desgajando pétalos, tras pétalos; sus ojos adelgazaron los caminos, en tanto, junto al mismo portal, un hombre envejeció esperando la mirada de la mujer que deshojaba margaritas.
El baile del dinosaurio es un crisol de recursos literarios aplicados a las minificciones cuya textura, a veces rugosa, a veces tersa, casi se puede sentir con la lectura. Un ejemplo claro es la hibridez genérica entre lo narrativo y poético en los textos de Alejandra Flores Bermúdez. En su mini relato Mundo inventado, la escritora escribe:
Entonces retornaron el papel, cargaron sus canastas y me suplicaron les regalara un camino para llevar sus flores. Así, de espaldas, me inventaron un mundo de silencios grandes manchados de colores mientras mis manos y pinceles daban vida.
La marcada cosmovisión religiosa en los textos de Alex Darío Rivera, como en su relato Ofrenda, que escribe:
Ese instinto de lobezno cazador que algunas veces se le dificultaba controlar, esa tarde desapareció. Ahora, ante el altar, era un solo manso cordero que espiaba desalentado, la filosa navaja y la pila de leña donde, al llegar la noche, sería sacrificado.
Esta compilación de minificciones hondureñas transita por la tradición popular en las mini composiciones de Eduard Herrera, la cotidianidad latente en los textos de Juana Guerrero, la crítica social de las breves composiciones de Karla I. Herrera, los misteriosos relatos breves que abrazan la novela negra, de terror psicológico y acontecimientos históricos de Kalton Bruhl y la historia y el pasado de la mano de Indira Flamenco. Ella, en su relato El incidente en el altar, relata:
Cuando Ukit Took, décimo séptimo gobernante maya de Copán, se dio cuenta que su imagen no figuraba en el famoso altar Q, se levantó furioso de su tumba, tomó su cuchillo de pedernal y se abalanzó sobre el fundador de la dinastía.
El estilo coloquial de las mini narrativas de Ixchel Ayes que, en su relato Una de tantas historias, relata:
Ese maje sólo a mi mamá convence, pero porque tiene las varas, nada más
marida a la perfección con el mundo irreal de los textos de José Zelaya en el que su mini relato Invocación, narra:
De pronto, unos susurros se escucharon a través de las paredes, la puerta se cerró de golpe y las luces se apagaron. Alegres, pensaron que su hija había vuelto, pero lo que estaba arrastrándose en el techo, no se parecía en nada a ella.
y con la cruda realidad cotidiana de los textos de Elisa Logan, quien alude constantemente el tema de la muerte. Ella, en su relato Abrazos, escribe:
Tantas canciones añorando los abrazos después de la pandemia, lo pusieron nostálgico. En verdad hacían falta, sobre todo, sabiendo que su esposa ya no se los daría, pues había muerto a causa del virus. Dejó abierta la válvula del gas, encendió el fósforo y murió abrasado por las llamas.
El lado macabro de las mini narrativas hondureñas antologadas llega con los textos de Ernesto Bondy y el trabajo forense del doctor Franco Stein o el efímero encuentro de dos cabezas guillotinadas. Un lado oscuro que brilla con la misma intensidad que la ciencia ficción de Javier Vindel, donde el científico Stephen Hawking parece volver a la vida con su máquina del tiempo y Oscar Fernando Sierra, trayendo de vuelta a la diosa mitológica griega Afrodita desmemoriada y de uñas adornadas de caracoles que corre por una playa de Miami.
El carácter fabuloso y fabulístico de las minificciones viene tanto de la mano de Víctor Manuel Ramos, quien muestra preocupación por el deterioro del medio ambiente a través de un gato, un pastor alemán, un guacamayo con ansias de libertad y luciérnagas perseguidas, como de los breves relatos de Perla Lussete Rivera cuyo universo mini literario nos envuelve con anacondas vengativas y salmones prepotentes. Además de los animales que cobran vida en esta antología, algunos relatos nos sumergen en escenarios surrealistas como los de Ricardo Álvarez Moncada, con sus Glóbulos blancos en reunión o flores amarillas con un final trágico o el cupido arruinas vidas y el imaginado banquete de navidad impregnado de abandono de Tatiana Sánchez y La ruleta vital de René Barahona. En su relato 21th Century relata:
La ruleta gira en frenesí incontratable por sus cuatro costados. Marca la existencia susurrando números que dividen recuerdos, adicionan congojas, multiplican incertidumbres y restan ilusiones, De pronto, altavoces anuncian mi turno.
La antología El baile del dinosaurio es un homenaje a una de las grandes figuras literarias centroamericanas: Augusto Monterroso y a su brevísimo dinosaurio, publicado como parte del libro Obras completas (y otros cuentos) en 1959. Un homenaje a las micro letras de este escritor hondureño-guatemalteco patentizado en las minificciones antologadas de Daniel Callejas Cruz, tal vez el más apegado al espíritu Monterroso en términos de brevedad e intensidad. En su composición Escape, el escritor relata:
La sangre aprovechó el disparo para salir del malviviente que la tenía secuestrada.
Si el pensador Zygmunt Bauman acuñó el término de modernidad líquida a los tiempos actuales, basándose en los conceptos de fluidez, cambio, flexibilidad y adaptación, como una metáfora regente de la época contemporánea sujeta a continuos e irrecuperables cambios, la minificción, entendida por los estudiosos de la literatura como un artefacto literario experimental, lúdico, intertextual, extraviado del canon, elíptico, necesario de participación, es el género ideal para sobrellevar esa realidad cambiante, que no se detiene y en la que todo es relativo y ausente.
Una realidad líquida que en Centroamérica se patentiza por marcados desafíos socioculturales. La región experimenta esta liquidez en la vida cotidiana, desde la precariedad laboral hasta las relaciones afectivas que se vuelven más transitorias y el consumismo que domina la cultura, en un contexto regional que se enfrenta a un desafío sin precedentes, abarcando tanto dimensiones sociales como ambientales, ante la incapacidad de sus gobiernos para traducir el crecimiento económico en progreso social.
Tal vez por eso necesitamos más minificción y más antologías como la de El Baile del dinosaurio, compilada por José Zelaya y Elisa Logan. No para escapar sino justamente para sobrellevar esa cambiante y asfixiante realidad. Las minificciones antologadas son el resultado de una fusión entre la imaginación de cada uno de los narradores y los elementos de su entorno, por eso la riqueza de los diferentes horizontes literarios que se desarrollan en esta antología. Ellos pincelan sus historias con trazos de inverosimilitud para dar color a la oscura realidad cotidiana centroamericana que nos envuelve. Definitivamente no tenemos la certeza de que cuando despertemos el dinosaurio seguirá estando allí pero sí estamos seguros de que la minificción centroamericana y, sobre todo, la hondureña, estará aquí para acompañarnos y ayudarnos a entender nuestra realidad cuyo estado, por momentos, se asemeja más al gaseoso que al líquido.
José Zelaya y Elisa Logan compilaron El baile del dinosaurio: antología de minificción hondureña y Editorial CCS la publicó en 2021.
José Zelaya nació en 1998. Es psicólogo y escritor hondureño. De su producción literaria, mencionaremos los títulos de minificción El misterio de la caja, Voraces e Intromisiones Salvajes. Sus textos también forman parte de más de quince antologías de minificción, destacando Universos breves, Historias mínimas, Mosaicos, minificciones sobre discapacidad, Pequeficciones, piñata de historias mínimas, Campanadas, microrrelatos navideños y Microbios. Además de El baile del dinosaurio, José Zelaya también ha sido compilador de otras antologías como Ecos. Nuevas voces de la minificción centroamericana y Antología de minificción hondureña. Su obra ha sido ganadora de los Concursos de microrrelatos Dentro de la botella en 2018 y Días de resguardo y el Concurso de la revista guatemalteca La Fabri/k/, ambos en 2020. José Zelaya es organizador del Encuentro Hondureño de minificción junto a Elisa Logan y es fundador de la primera editorial digital hondureña de minificción en compañía del escritor Ricardo Álvarez Moncada.
Elisabeth García, conocida como Elisa Logan, nació en 1964. Es una poeta y teatrista hondureña. Como actriz de teatro, ha participado en obras como El teatro Camino Real, El gato filósofo, La ciudad alegre y confiada, La casa de Bernarda Alba, Más vale prevenir, La flor que vuela, Entre mujeres, y de manera individual en el monólogo La mujer sola. De sus obras poéticas mencionaremos los títulos Poemas para un ángel caído, De sueño y Realidades, Antología Poética, Signos Referenciales, Entre Adioses y olvidos, Historia de Natalia, Mujer de sal y arena; y en narrativa, su título Todas ninguna. Elisa Logan ha publicado en periódicos y revistas nacionales e internacionales, ha participado en varios recitales de poesía, como el Primer Festival Internacional de Granada, en Nicaragua y fue presidenta de la Asociación Nacional de Escritoras de Honduras.
Y si a usted le apasiona los relatos breves, también le invitamos a escuchar el capítulo Autopsia de una lectura: Ovejas negras, antología de minificción de Iximulew del podcast emociones entre líneas, en el que se diseccionó esta compilación de nuevos narradores y narradoras mini ficcionales guatemaltecos.
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Fuentes consultadas:
El baile del dinosaurio: antología de minificción hondureña. [Tegucigalpa]: Editorial CCS, [2022]. ISBN: 978-99979-883-0-0.
Zelaya, José (2021). Antologías hondureñas de minificción. En: Contra corriente (26 de agosto). Recuperado de: enlace.
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Zelaya, José (2021). La presencia femenina en la minificción hondureña. En: Contracorriente (11 de mayo). Recuperado de: enlace
Hernández, L. (2022). La expansión de la minificción, el sueño de José Zelaya. En: Honduras Verifica (12 de marzo). Recuperado de: enlace
Vizcaino, Laura Elisa (2020). La minificción en Honduras. En: SENALC (1 de agosto). Recuperado de: enlace
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Sánchez Argüello, Alberto (2020). Ecos. Nuevas voces de la minificción centroamericana, José Zelaya (compilador). En Gazeta, de la A a la Z (15 de noviembre). Recuperado de: enlace
Barranco, Justo (2017). Pero ¿qué es la modernidad líquida? En La Vanguardia (9 de enero). Recuperado de: enlace
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