La escritora guatemalteca, Carmen Matute, afirma que la capacidad constante de asombro es fundamental para un escritor, especialmente los poetas. Las cosas que ve o escucha o toca el poeta son las mismas que las de todo el mundo, pero la mirada de este descubre en ellas algo más, que pasa inadvertido para el resto, y que es lo que acaba apareciendo en el poema.
En su colección de ensayos El oficio de escribir, publicado por Editorial cultura en 2021, la escritora plantea que, para ser escritor, son necesarias algunas habilidades. Por mencionar alguna de ellas, este debe ser un lector voraz, vicioso. Un escritor podrá contar con toda clase de detalles cuáles han sido sus lecturas en su infancia, su adolescencia y su vida adulta; las emociones que le provocaron, los sueños en que lo metieron, los mundos que le descubrieron, las pasiones por determinados lugares o personajes que los consumieron por años, a veces en forma obsesiva. Lo cierto es que el solitario vicio de la lectura lo adquiere un escritor en cuanto aprende a deletrear las palabras y se enamora de ellas para siempre. El escritor debe ser un observador nato, infatigable. Un ser, que por muy atento que esté a sus propios asuntos, no puede dejar de observar con precisión lo que acontece en su entorno. Y no es algo intencional, ni el deseo de meterse en donde no lo llaman, es que siempre está captando sonidos, olores, imágenes, escenas, sabores, datos que algún día su memoria probablemente utilizará en lo que escribe.
Sin embargo, ser escritor… ser poeta en Centroamérica es un oficio peligroso. Escribir puede equipararse a un delito mayor en contextos políticos hostiles; en Nicaragua, el gobierno despojó de la nacionalidad nicaragüense a pensadores, intelectuales, defensores de los derechos humanos, periodistas y escritores como en el caso de Sergio Ramírez y Gioconda Belli. O en el Salvador, cuyo gobierno manifiesta la censura a escritores mediante el control estatal de contenidos críticos, especialmente aquellos que abordan el régimen de excepción y violaciones de derechos humanos. Ejemplo de ello fue el bloqueo del libro Sustancia de hígado de Michelle Recinos en la Feria Internacional del Libro en Guatemala en 2023.
Y es que, en Centroamérica, la literatura y el oficio de escritor es un arma eficacísima contra la tiranía del poder político, atrofiado por sus ansias de enriquecimiento opaco y aupado por un elitista empresariado voraz, una codiciosa clase religiosa, sedienta de poder y una sombra militar, manipuladora de todos ellos, para mantener su red oscura de relaciones que favorecen sus ambiciosos intereses. El oficio de escribir es como atravesar un bosque en la oscuridad. No hay mapas ni guías ni recomendaciones precisas expresa el escritor guatemalteco Javier Payeras.
A pesar de todo, los escritores del istmo centroamericano, a través de las palabras y los versos, intentan derribar los muros construidos, ladrillo por ladrillo, con las desigualdades que nos separan. La literatura forma parte de nuestras vidas, y contar nuestras historias, ya sean narradas, ya sean versadas, nos permite abordar ficcionalmente las voces de quienes padecen los efectos de una realidad que a veces acaricia y otras veces nos golpea con fuerzas desmesuradas. Esa es esa una de las muchas virtudes que caracterizan a los escritores y especialmente de los poetas, con cuyos versos se constituyen en la voz ante las desigualdades, pero también son una invitación a acompañarla a soñar otros mundos más abrazables. Pues como afirma la escritora hondureña, Venus Ixchel Mejía, es conmovedor saber que alguien puede llegar a respirar un poema, que alguien puede tocar la tersura de las palabras y sentirlas como yo las siento.
Y tal vez esa es la esencia, o una de las esencias, de la literatura; su capacidad de las palabras en integrar pensamiento y sensación en una misma expresión, con el objeto de hallar equivalencias verbales para expresar estados de ánimos y sentimientos, sumergiéndose en la profundidad del entorno y del ser en cuanto ser. Esta visión metafísica de la literatura alcanza su máxima intensidad en la poesía. En la poesía metafísica el ser humano crea mundos a través de la pluma, o teclado, y su pensamiento, y los trasmite a través de la palabra. En este sentido, el poeta de origen maya k´iche´ y director del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango en Guatemala, Marvin Samuel García Citalán, constata que el oficio para aquel o aquella que asume el papel de poeta no es nada más ni nada menos que dotar de profundidad las cosas que para otros podría ser algo correspondiente a lo cotidiano.
Definitivamente la mayoría de los poetas contemporáneos del istmo centroamericano se sumergen en el océano metafísico de la poética pues con sus versos, iluminan sectores de lo real, oculta otros, permaneciendo siempre la constante necesidad de creación de caminos explicativos sobre lo real. La poesía metafísica surge de la necesidad de expresar las paradójicas cualidades de la experiencia humana, esto es, lo contradictorio, lo irremisiblemente opuesto tanto en la naturaleza humana como en la vida cotidiana. Todo ello se resuelve en la experimentación de la angustia existencial, de la caducidad de la vida y de las múltiples paradojas que conforman la vida humana, reflejando a un autor que escribe sumido en un caos de pasiones violentas y transitorias. Y muchas veces, para un escritor solo se puede expresar con la poesía, tal y como lo pone en práctica el autor con el que nos sumergimos en este podcast de letras centroamericanas. En este capítulo haremos un ejercicio de metafísica poética centroamericana de la mano de un poeta cuyo versos rigurosos y energéticos se orientan más a capturar la razón que las emociones, descartando la intuición y el misticismo en favor de la discusión racional.
Hoy, en Centroamérica entre líneas, nos perderemos en los versos del poemario Esto no puede escribirse en prosa del escritor guatemalteco Alexander Sequén-Mónchez.
Esto no puede escribirse en prosa es el primer poemario del escritor guatemalteco Alexander Sequén-Mónchez. Escritos entre 1994 y el año 2000, su autor impresiona por la fuerza de su palabra, por su construcción atrevida y por la autenticidad de su vivencia poética. En palabras del poeta cubano Enrique Cirules, la poesía de Alexander Sequén-Mónchez se nos muestra impregnada de sutiles misterios y dolorosas evocaciones. Es una voz fuerte. Voz testigo que desdobla y convoca a la reflexión, pero que es capaz de incitarnos a ese milenario tono de palabra herida, como si emergiera de un sueño abismal, con ansia infinita de revelar y revelarse una y otra vez.
Sequén-Mónchez se lanza a la odisea de la palabra, a la aventura de penetrar en el propio mundo íntimo, un mundo cuyo único ropaje es el verbo y que, inmisericorde, se devora por dentro. Fácil repetir, difícil crear. Y Mónchez no repite, crea, recrea el poema con intensidad medida dentro de un significante concreto y un significado eterno, signo lingüístico que devela el alma.
Este poemario se estructura en cuatro partes. La primera, titulada No es por el sol que preguntamos, es tal vez la que concentra la mayor carga erótica del poemario. Esta incluye los poemas Erótica, Los amantes, Contigo, Un salvaje escrúpulo de nieve, Escribir sin decir, La canción de al lado, TUS OJOS, Una mujer sale del jardín, De un poeta joven y cansado, Atardecer sin árboles y Último poema contándole a un ángel de su partida. En el poema Los amantes, el poeta declama:
Lengua traviesa de tigre
que te lame el cuello
que te mata
por la espalda
La segunda, titulada La habitación confusa, contempla la mayor carga simbólica del poemario como mecanismo de construcción identitaria. Está articulada por los poemas La poesía está en el fracaso, Lectura de mi mano izquierda, Ir al encuentro, Nota roja en el cuaderno, Posibilidades del poema, Los versos calígrafos, Como quien dice rebelde, Si no fuera por Antofagasta, Lección de marzo, Muerte de Antonio, El perro e Himno contra toda bandera. En el poema Como quien dice rebelde, dedicado a Moisés Rosales, Alexander escribe:
Yo seré breve
Con seguridad tengo penas
y tiemblo pero no como una hoja
El poeta
John Crowe Ramson
escribió estas líneas
como queriendo derrotar al viento
En La tercera parte, la soledad y la nada se abrazan. Titulada La piedad vuelta de las casas sin portones incluye los poemas Solos en Manhattan, Una fría música en los ojos, El fantasma, Bien por ellos y Poeta montado en un elefante. En el poema El fantasma, dedicado a Daniel Pou, el poeta escribe:
Lo que llamamos fin
tiene más puertas que ventanas
Una azotea crepitante
Cables
En donde la ropa no secará jamás
Y la cuarta y última parte, titulada Un azul más bien biográfico, es un deshojar íntimo del poeta de siete composiciones, numeradas del Uno al Siete que caen inertes como si de pétalos marchitos por el tiempo se tratasen. En el poema dos, Alexander recita:
Vanidad
el parentesco es una vanidad sin espejos
Para qué hablar
Si la avaricia de los rostros me seduce
La poética de Alexander Sequén-Mónchez plantea una metafísica existencial e identitaria en la que se puedan resolver las incógnitas relativas, por un lado, a la vida, al existir propio de un ser humano en el mundo y, por otro lado, a su identidad (el tú, el yo) como seres-amantes unidos en la poesía, y previamente en la vida. En el poema Lectura de mi mano izquierda, Alexander recita:
De una palabra a otra
debo alejarme de mi mismo
antes de que el silencio
regrese a darme la hora
Los poemas de Alexander plantean la noción de metafísica en su sentido existencial y el modo de un comprender el ser en el mundo, de decidir su existencia. En una búsqueda constante de su propio horizonte, está la huella del verso que devela el salto entre la prosa y la poesía.
En el poema Posibilidades del poema, dedicado a Juan José Ramírez, Alexander declama:
Lo que un poeta se niega a decir
va a parar al álbum de fotos
Silencio visto
palabra no dicha
El poemario Esto no puede escribirse en prosa abraza una hermosa edición realizada por FyG Editores, en colaboración con Ediciones del Cadejo. La cubierta de esta edición reproduce la obra pictórica Le Passage Du Commerce Saint-André, una pintura a gran escala del artista polaco-francés Balthasar Klossowski de Rola, conocido como Balthus. Esta obra fue pintada entre 1952 y 1954 y la escena reflejada en el lienzo tiene lugar en una calle del barrio de Saint Germain des Prés cerca de la Cour de Rohan donde Balthus tenía su estudio en la época en que comenzó este cuadro. La imagen que Balthus nos ofrece en este cuadro es la de una serie de personajes de diferentes edades que circulan por este pasaje, permanecen indiferentes o bien, miran al espectador. En esa transición instantánea plasmada en la imagen asistimos a la pérdida de la inocencia de esa niña que juega con la muñeca para convertirse en esa ya casi mujer que observa con cara de interrogación el mundo que la rodea.
Y observar la obra de Balthus es leer la poesía de Sequén-Mónchez. Porque la pintura de Balthus, enigmática, es una alegoría a las edades del ser humano, a la transición de la niñez a la vejez en un solo instante, teniendo como referente al despertar de la sexualidad y utilizando esa sexualidad para escapar de la soledad existencial que parece existir en el mundo que las rodea. La poeta nicaragüense Marta Leonor González expresa que en estos poemas el amor se desnuda y muestra su rostro, tierno y humano, encantado por el tema sexual... Sorprende la belleza de la imagen plástica a través de la perfección y la intensidad de los poemas. La furia que hay en ellos es como estar frente al maestro que nos dice cómo se empuña una daga.
Y es que el poeta Alexander proyecta en algunos de sus poemas una sexualidad pura, inocente, sin la malicia del lucro ni la vulgaridad. Como recita en su poema Contigo:
Eres la parte del mundo
que tiene una ventana
La abro
y me veo flotar a mitad
de tus piernas
Llueven transparencias
Este poemario cuya esencia no puede escribirse en prosa no es fruto de prisas, sino de lecturas y relecturas, de correcciones y reconversiones. La poesía de Alexander es, como los buenos vinos, producto del reposo, del añejamiento, como él mismo dice en su poema, dedicado a Andrés Morales, La poesía está en el fracaso:
Ya no me atormentan
las sombras que vienen por su página
ni el insulto que me lee por completo
Escribir ya no es la obsesión
de volverme una estatua
He dejado la prisa a los muertos
La poesía de Sequén-Mónchez nos trae a la memoria a Giorgio de Chirico, pintor italiano nacido en Grecia y reconocido entre otras cosas por haber fundado el movimiento artístico pintura metafísica, movimiento que insufló de significante ímpetu para el desarrollo del Dadaísmo y el Surrealismo. Este artista afirmaba que la finalidad de la pintura no debe consistir solamente en reproducir más o menos fielmente lo que ya se puede ver en la naturaleza sino sobre todo “mostrar lo que no puede ser visto”.
Y así es la poética de Alexander Sequén-Mónchez. Esta refleja la preocupación del poeta por mostrarnos la cara oculta de cualquier aspecto de la vida cotidiana y su especial forma de enfocarlo. Y estamos seguros de que es por ello por lo que el poeta Alexander prescinde de elementos básicos de puntuación, esenciales en las narrativas para evitar ambigüedades y para marcar el ritmo y la entonación del lenguaje, apostando por una técnica artística basada en espacios en blanco, la disposición de las estrofas y los saltos de versos como marcadores de ritmo alternativos. También es su forma velada de patentizar su manera de comprender la existencia y el mundo.
Por eso no puede escribirse en prosa, sin embargo, no podemos pasar por alto la aportación de la ficcionalidad, esto es la creación de un mundo poético posible de ficción y de la narratividad, es decir, la historia contada por el narrador poético, para poner en claro la dimensión metafísica de la poesía de Alexander Sequén- Mónchez. Tal vez por eso Alexander Sequén Mónchez esto no puede escribirse en prosa, o mejor dicho, no quiere escribirlo en prosa. Para priorizar el ritmo, la musicalidad y la fluidez sobre la estructura gramatical convencional y, sobre todo, para evitar distracciones de forma en la esencia de sus versos. Pues como expresa el poeta chileno Andrés Morales, la poesía de Alexander Sequén-Mónchez es un hallazgo entre tanta palabrería inútil y desbocada en la literatura hispanoamericana actual.
Alexander Sequén-Mónchez escribió el poemario Esto no puede escribirse en prosa y F&G Editores la publicó en 2004.
Alexander Sequén-Mónchez nació en 1977. Es un científico político, poeta y ensayista guatemalteco. Ha sido asistente y asesor legislativo del Congreso de la República de Guatemala, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Guatemala, en la que investigó sobre procesos de militarización, seguridad pública, democracia y juventud y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Landívar. Asiduo columnista para medios impresos y digitales de Guatemala, en 2006 trasladó su residencia a Madrid. En la actualidad trabaja como Especialista de Política para Casa de América.
De su obra publicada mencionaremos el poemario Esto no puede escribirse en prosa, Contrapoder, edición crítica relacionada con la obra de Marco Antonio Flores, Violencia, criminalidad y delincuencia en la postguerra, Democracia en Centroamérica, El común de los mortales, Florentina y El cálculo egoísta: inmigración y racismo en la España del siglo XXI. Ha sido miembro del Consejo Editorial de las revistas La Ermita de Guatemala, 400 Elefantes de Nicaragua y corresponsal de Licantropía de Chile. Algunos de sus textos han sido recogidos en antologías de España, El Salvador, Chile y Guatemala. En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Luis Cardoza y Aragón.
Fuentes consultadas:
Sequén-Mónchez, Alexander. Esto no Puede Escribirse en Prosa. Guatemala: F&G editores, 2013. ISBN: 978-99922-61-24-8.
Matute, Carmen. El oficio de escribir. Guatemala: Editorial cultura, 2021. ISBN: 978-99929-774-60-5.
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