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Centroamérica entre líneas: un blogcast de libros
El libro del carnero
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El libro del carnero

de Josué Andrés Moz (El Salvador) | T4.E66

Centroamérica está enferma.

Actualmente la región vive una crisis social y democrática de consecuencias importantes. Los actuales gobiernos no están a la altura de una hastiada y cada vez más exigente ciudadanía que reclama más acciones efectivas tanto para afrontar las causas reales de las condiciones de pobreza y exclusión en la que vive la mayoría de la población como para la rendición de cuentas y la transparencia.

La transición a la democracia y las transformaciones del modelo económico que se esperaban de la región en las últimas décadas son hasta hoy un proceso inconcluso: el modelo de mercado, nuevas exportaciones y remesas, junto a la adopción de inquietantes políticas públicas, especialmente en materia de seguridad, no ha conseguido que asistamos al fortalecimiento de las instituciones públicas de los países del istmo. Y las actuales actitudes neofascistas del que fuese su aliado preferencial hasta hace poco, acentúa aún más un sentimiento de servilismo y vasallaje. Y, tal vez, lo más triste es que la actitud servil de alguno de los países del istmo se patentiza por sonreír abiertamente al accionar ultranacionalista del omnipresente socio del norte y por adoptar, y exportar, modelos penitenciarios que atentan sin ningún disimulo contra los más básicos principios de los derechos humanos.

Centroamérica es un vitral desgajado que no termina de encontrarse ni reconocerse, tal vez porque no termina de aceptar sus diversidades y contrariedades. Y posiblemente parte de la solución a los actuales problemas que aquejan la región sea encontrar un punto de encuentro en esa búsqueda identitaria marcada por la violencia, sin importar su apellido, ya sea a causa del narcotráfico, pandillas, extorsión o sicariato. Y es que, si hacemos una retrospectiva, la centroamericana es una sociedad doliente que ha sufrido con la evolución del poder de la cruz y la espada hacia el actual poder de una avorazada oligarquía empresarial, del diezmo y el fusil, sin olvidar los días de las extractivas y extenuantes fincas de café y banano en manos de gobiernos extranjeros, en la época tal vez más oscura del devenir centroamericano.

En Centroamérica se vive en luto crónico; muertes de todo tipo le impactan cotidianamente y en esta dinámica de no haber terminado de velar, sorprendernos e indignarnos por una muerte, le suceden otras y, de muerte en muerte, se vive en luto y dolor permanente. Un duelo, en la mayoría de las veces, visible por las pequeñas cruces de colores, con llamativas flores de plástico, que se pueden ver en los arcenes de las carreteras e incluso en las esquinas de algunas calles. Pequeñas cruces que los dolientes usan para señalar el lugar en el que murió algún vecino o algún ser querido.

Mientras tanto, las literaturas de la región se convierten en un puente que nos permite entender los diversos escenarios sociales. Las literaturas centroamericanas se constituyen a sí mismas como un grito, ya no revolucionario, sino contestatario de una población, caracterizada por la fortaleza de una resistencia activa no violenta, por el momento, ante este adverso y asfixiante panorama social que produce dolor diariamente. Y por supuesto, se hacen eco de ese duelo enquistado en la vida cotidiana. Las nuevas generaciones de escritores y escritoras de la región, con una marcada conciencia de su historia y de su realidad, abordan desde lo más profundo del ser humano la crudeza que supone ser y vivir en una región cuyas bases están construidas por cadáveres, cabeza sobre cabeza, impunidad sobre impunidad.

Los literatos y literatas centroamericanos beben de ese contexto y sus letras nos hacen navegar por la muerte, el dolor y la angustia. Un claro exponente de esto es el poeta salvadoreño Josué Andrés Moz. Un escritor cuyas composiciones nos llevan, por medio de fuertes símbolos, a leer, a sentir y a vivir la violencia, la muerte, el “bajo mundo”, la depresión y otras extensiones de la realidad salvadoreña, que es en esencia la realidad centroamericana. Hoy, en Centroamérica entre líneas leeremos su poemario, El Libro del Carnero.

El Libro del Carnero es un extraordinario poemario que, a través de treinta y dos poemas, destilan dolor, iluminan la soledad y tristeza de un pueblo hambriento de equidad y de paz. El libro del Carnero de Josué Andrés Moz construye su discurso poético con la mezcla de palabras, símbolos e imágenes cuyas siluetas se forman con los trazos de la tristeza, el desconsuelo, la angustia que supuran sus poemas. En palabras del editor salvadoreño Omar Adalberto Chávez, Moz es el prototipo de poeta al que muchos aspiramos. El es también un militante, un ser de acción y lucha desde la trinchera que le toca, que es la poesía, en ella tendrán cabida la denuncia hacia la injusticia y el abuso de poder, sin sacrificar la belleza, lo afable que hay en las cosas que no se tocan:

Perdóneme, señor policía,

por no ser uno de sus muertos,

por no sonreírle trágicamente a sus compañeros en la

[patrulla,

declama Josué Andrés Moz en su poema Mister Cop.

El Libro del Carnero, un poemario oscuro hermoseado con los signos y simbología, se divide en cinco capítulos. Con el primero, titulado Intravenosa, descendemos a un sórdido y adictivo mundo de dependencia psicoactiva que hará que lo que quede de nosotros sea un susurro de espejismo, como escribe el poeta en su composición Crack. Esta parte se compone de los poemas Válium, Crack, Blanca, Aguardiente, LSD, Nicotina, María, Caballo, Cerveza y Krokodil.

En el capítulo segundo, Sangre, el dolor se enquista en el silencio, en las ausencias, en la orfandad, en la soledad, en el terror… cuyo principio es una página en blanco. Este capítulo está compuesto por los poemas Danza de los espejos paralelos, Grafiti: ensayo acerca de la orfandad, Marinero, Definitiva carta al padre, Lamento del carnero y Las viejas costumbres.

En el capítulo tercero, titulado Aquella memoria, se siente un desgarramiento en el nombre de una patria. Aquí resuenan los rebeldes versos daltonianos de denuncia de una historia que se encarna en el desmembramiento de la razón contaminada por la violencia, de un poder que sacraliza su presencia, su espíritu manipulador en el rito del terror y la sangre. Este capítulo está compuesto por los poemas Manicomio: monólogo acerca de la memoria, Usher and the mad trist y Mister cop.

Las letras de Moz nos exigen hablar de un hecho que marcó la historia de la violencia en El Salvador.

Aquella bala del 1932

tiene lugar en el pecho compartido de mis hijos.

escribe el poeta en el poema Manicomio: monólogo acerca de la memoria

En el contexto histórico real, ese año se produjo el levantamiento indígena de 1932, también conocido como La Matanza del 1932. Fue una mezcla entre protesta e insurrección de manera espontánea que tuvo lugar en enero de 1932 en la zona occidental y central de El Salvador y que acabó en el exterminio directo de casi la totalidad de las comunidades nahuas de este país.

En este capítulo tomamos conciencia de la represión sin límites que un Estado​ puede ejercer contra su propia población. Y en la voz y letras de Josué Andrés Moz, la represión se manifiesta de forma estruendosa, violenta e imposible de ignorar, como un trueno que irrumpe en el silencio. Una represión violenta que también “cuenta una historia”: deja huellas, testimonios y memoria. Josué Andrés Moz establece un diálogo directo contra la violencia “legitima” y ataca la apología a las fuerzas de represión de una forma sublimemente irónica.

El recita en el poema Mister cop.:

No necesito calzar su uniforme para hablar de la

[muerte

ni conocer el oscuro abecedario que le besa los dientes,

[señor policía.

En el cuarto capítulo, titulado Se dice de la carne, continúa con la mediación de las tensiones, con el espacio vacío en donde se agota el aliento y los sueños que son pesadillas. Está compuesto por los poemas Babel, Confesión del carnero, Motel: breve ensayo acerca de los refugios, Cinco fotogramas de lluvia para despedir el invierno y Delirium Tremens: room 504.

En el quinto y último capítulo, titulado La lengua, la escritura de Moz florece del dolor y la amargura enquistada en los capítulos anteriores para aferrarse al oficio de escritor y hacernos comprender del por qué es uno de los exponentes de la poesía contemporánea de El Salvador. Este está compuesto por el relato poético Estrecha fotografía de Humpty Dumpty y los poemas Ars poética, Contra los poetas: ensayo acerca de la humildad, Recomendación para el buen lector y Discurso roto (o breve autobiografía del caos).

Moz disecciona cada poema con un lenguaje crudo que traza la muerte, la sangre y el dolor como un retrato vivido; esto nos coloca frente a una poesía certera, realista y honesta. A medida nos adentramos en sus poemas se navega entre un lenguaje que nos golpea de frente, tal y como declama en su poema Manicomio: monólogo acerca de la memoria:

Nacimos para desaparecer.

y de pronto nos acaricia con versos cargados de afecto y simpatía, como hace en el poema Confesión del carnero:

Ya mucho antes de tener manos

yo tocaba tu cuerpo.

A lo largo de su obra es recurrente encontrarnos con la muerte y la violencia; la sangre y el dolor se reflejan en sus versos. El poeta declama en su poema Las viejas costumbres:

Nos escupieron el rostro,

nos dejaron masticando sus muertos,

nos obligaron a parir sus hijos,

cultivaron la ceguera en sus reinos,

y nos cerraron la puerta con doble llave,

nos espiaron desde las ventanas tranquilamente

y nos vieron contar una por una

las arrugas que nos escribieron en la sangre.

En palabras del escritor peruano Emilio Paz Panana, los versos que componen El libro del carnero son capaces de erizar la piel y, sin pensarlo, arrojarlos sobre las rocas para sentir su suavidad.

En el poema Recomendación para el buen lector, el escritor recita:

Percibir el poema no es haberlo entendido todo,

ni sentir amor por el lirio que ya es hermoso.

Percibir el poema es una promesa con el vacío:

saborear la gota de sangre

que se queda en la boca.

Andrés Moz es un poeta incómodo y crítico; le permite crear poesía de denuncia y compromiso social. Moz se siente cómo vive el dolor, llegando a mostrarnos su «yo» interior en poemas como Valium donde nos abre la puerta de su habitación para conocer su psique, o Las viejas costumbres donde exterioriza su inconformidad frente a la realidad que nos han heredado. En su composición Nicotina, el poeta escribe:

La araña teje en mis pulmones

la raíz de mi próximo nacimiento.

Grego Pineda, escritor de la diáspora salvadoreña, afirma que las ilusiones, nobleza y buena fe, como virtudes casi subversivas, sobreviven, a pesar de todo, en la poética de Josué Andrés. Y aborda temas cotidianos que abaten a sus conciudadanos: violencia de todo tipo, rapacidad campante y cinismo, corrupción y engaño oficializado. Y para el escritor salvadoreño Willy Palomo, leer los poemas de Moz equivale a sostener el carbón caliente del amor y la desesperación en la palma de la mano. En Crack, por ejemplo, Moz captura la violencia y el anhelo de la vida nocturna en San Salvador, en una voz de delirio estático al escribir:

Amo la herida consciente y los látigos de la

[madrugada,

las gasolineras abiertas,

los golpes de los hombres que nada tienen que perder,

las caricias a la orilla de la calle,

las monedas abandonadas en los charcos,

los policías extraviados en sí mismos,

las mujeres que exprimen su dolor como a un limón

[seco.

El libro del Carnero es, entre otras cosas, un sórdido crisol en el cual se mezclan las palabras, los símbolos, las imágenes para dar cabida a la denuncia hacia la injusticia y el abuso de poder, sin sacrificar la belleza, lo afable que hay en las cosas que no se tocan. Como comenta la prologuista de este poemario, la escritora guatemalteca Vania Vargas: su voz es la de una camada nacida en la posguerra salvadoreña. Una generación que heredó el peso histórico de una violencia que, sus padres y quienes los precedieron, ni siquiera han terminado de digerir, ese monstruo depredador que ahora amenaza con morderse la cola. Su voz es la de un ser nacido en otro tiempo, al que ya esperaban muertos ajenos para que los llevara a cuestas y quien ha aprendido a convivir con ellos, porque aún ante la inminencia del derrumbe, se rehúsan a marcharse, se rehúsan a morir de una vez por todas.

El carnero ha sido, a lo largo de distintas culturas y tradiciones, un símbolo cargado de significados que abarcan desde lo espiritual hasta lo político. En el cristianismo representa el sacrificio y la redención, al aparecer como sustituto de Isaac en la historia de Abraham, anticipando simbólicamente el sacrificio de Jesucristo. También encarna la fuerza, el liderazgo y la autoridad, al ser visto como el guía del rebaño, cualidades asociadas con valentía y protección. En la tradición bíblica, como en el libro de Daniel, simboliza poder e imperio al representar al Imperio Medopersa. Asimismo, por su naturaleza vigorosa se vincula con la virilidad y la fertilidad, y en la astrología, bajo el signo de Aries regido por Marte, expresa impulso pionero, audacia y pasión. En la mitología griega aparece en la leyenda del Vellocino de Oro, como emblema de un tesoro o una búsqueda heroica, destacando así la dimensión activa y poderosa del carnero frente a la mansedumbre que suele atribuirse al cordero. En la tradición oral mesoamericana, el carnero nos recuerda a la leyenda de Juan Carnero, la historia del famoso ladrón que tenía pacto con el diablo, en los territorios de Milpa Alta, al sureste de ciudad de México y que cuenta que existen numerosas cuevas que esconden los botines de este ladrón que tenía poderes parecidos a los de un nahual.

Y el carnero, en la escritura del poeta salvadoreño Josué Andrés Moz, es un símbolo de sacrificio, dolor, redención, fuerza, valentía, pasión y búsqueda del pueblo salvadoreño y por extensión del centroamericano. Este poemario es un vaso transparente y cada quién decide lo que queda en su garganta. Como apunta la prologuista Vania Vargas está escrito desde el encierro, y también desde las calles oscuras de un país amargo, desde la noche de la página y el poema. Y como el propio poeta declama:

Toda amargura puede ser dicha desde los labios del

[silencio.

Tal vez por eso en Centroamérica, al igual que en los versos de Josué Andrés Moz, los silencios siguen retumbando en su memoria, pues la región sigue supurando dolor por unas cicatrices aún sin sanar, de un oscuro pasado que no ha terminado de pasar página hacia un presente de incertidumbres, inequidades, injusticias, desaparecidos e impunidad.


Josué Andrés Moz escribió El libro del carnero y Sión Editorial lo publicó en 2024.

Josué Andrés Moz nació en 1994. Es un poeta, vendedor de libros, corrector de estilo y gestor cultural salvadoreño. De sus poemarios publicados mencionaremos los títulos: Carcoma, Pesebre, Babel, El libro del Carnero, Revólver y Crac[K]. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, árabe y francés. En los últimos años ha participado en congresos y festivales de literatura, entre algunos de ellos: el Festival Internacional de Poesía de Aguacatán en Guatemala, el Primer Encuentro Centroamericano de Escritores Edilberto Cardona Bulnes en Honduras, el Primer Congreso Centroamericano de Literatura, en la trigésima edición del Festival Internacional de poesía de Medellín en Colombia, y en la décimo quinta edición del Festival Mundial de Poesía de Venezuela.

Josué Andrés es miembro fundador de THT, miembro del equipo coordinador del Festival Internacional de poesía Amada Libertad, director de los ciclos permanentes de poesía: La noche del Albatros y Los Heraldos Negros, una cita mensual de poesía que se esfuerza por reunir escritores de diferentes generaciones y estéticas para leer y dialogar sobre literatura. Josué Andrés es co-editor de Revista Ars poética 1970.


Con Josué Andrés Moz y su poemario El libro del carnero, iniciamos la cuarta temporada de Centroamérica entre líneas. Han sido 65 lecturas en estos tres últimos años de construir caminos literarios centroamericanos y, por supuesto, esperamos seguir leyendo Centroamérica a través de sus narrativas y poéticas. Todos nuestros pods están disponibles en las principales plataformas de podcasts y en nuestro sitio web, labiblioteca.org.

Deseamos aprovechar este pod, inspirado en las literaturas centroamericanas, para invitarle a escuchar y leer historias de un espresso, un micropodcast de falsos haikus que a partir de ahora tiene textura de papel.

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Para más información visite nuestro web centroamericaentrelineas.org.

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