centroamérica entre líneas
Centroamérica entre líneas: un blogcast de libros
La robamaridos y otros relatos
0:00
-22:09

La robamaridos y otros relatos

de Zayda Noriega (Guatemala)

En 2025, la población total de los países miembros de la unión centroamericana asciende a más de cincuenta millones de habitantes. De ellos, un poco más del 50% son mujeres. El aumento de la pobreza, junto con la inestabilidad social y política, definen el escenario centroamericano actual. En la pobreza y la inestabilidad vive el 70% de las familias urbanas y rurales de la región: las tres cuartas partes de las familias de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala y una cuarta parte de las familias costarricenses.

La mayoría de estas familias viven hacinadas en los asentamientos precarios que conforman el nuevo tejido urbano de las ciudades capitales. O viven dispersas en las zonas rurales más deprimidas. Y en este ámbito, el rural, las mujeres suelen ser jefas de hogar que deben cargar con una doble o triple jornada de trabajo, a nivel laboral con el trabajo agrícola, a nivel familiar con el trabajo doméstico y a nivel comunitario con el trabajo voluntario. A nivel socioeconómico deben enfrentar el peso del sistema patriarcal que se expresa obstaculizándoles el acceso a la salud, al crédito, a capacitaciones, a poseer insumos agrícolas, a ser propietarias de la tierra, por mencionar algunos aspectos. Son todas estas condiciones las que conllevan a generar un proceso de feminización de la pobreza, el cual se refleja de manera más pronunciada en el área rural.

En Centroamérica las mujeres siguen enfrentando importantes barreras al desarrollo de sus actividades económicas, políticas y culturales, debido a construcciones sociales que las ubican en condiciones de desigualdad y subordinación en el ámbito familiar, comunitario y social. Desde hace más de dos décadas, los gobiernos y organizaciones del tercer sector de Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Honduras han estado trabajando para generar e impulsar marcos legales y políticos que velen por la eliminación de la discriminación y la violencia contra las mujeres, en cumplimiento de los acuerdos y mecanismos internacionales.

Según la organización ONU Mujeres, la violencia contra las mujeres constituye una de las principales barreras para el acceso y permanencia de las mujeres en espacios de liderazgo, representación y decisión política. Una violencia producto de la discriminación y que afecta la integridad física, psicológica, sexual y económica de las mujeres. La mayoría de los países del istmo centroamericano han mostrado voluntad política para promover una agenda hacia las mujeres, pero sin avances sustantivos porque se sigue abordando la violencia contra las mujeres como un problema legal; se plantea como un fenómeno criminal y no como un problema sociocultural, que tiene sus raíces en la cultura patriarcal profundamente enraizada en las comunidades. Y si bien es cierto de que ha habido avances sustanciales en materia de igualdad, desarrollo social y adopción de leyes que promueven la equidad, cambiar el pensamiento machista de una sociedad entera es una tarea pendiente.

En Centroamérica, vivimos en una sociedad patriarcal que aún se resiste a reconocer y respetar los derechos humanos de las mujeres.

Desde la teoría feminista, el género ha sido importante para visibilizar y comprender cómo la existencia de una estructura de dominación patriarcal ha legitimado relaciones de dominación de los hombres hacia las mujeres y de subordinación de las mujeres ante ellos. Estos enfoques que, para una gran parte de la población genera mucha resistencia, es útil para comprender que mujeres y hombres tejemos nuestras vidas familiares y sociales bajo varios sistemas de dominación, entre los cuales destaca el patriarcado. El sistema de dominación masculina se manifiesta y se institucionaliza por medio del ejercicio del poder de los hombres sobre las mujeres, las niñas y en todas las instituciones que estructuran y organizan la vida de las sociedades.

Lo cierto es que el patriarcado, con mayor o menor virulencia, sigue siendo aún una cruel realidad en todo el planeta. Tal vez no es tan visible en sociedades con altos niveles de desarrollo, pero es sumamente presente en regiones como la Centroamericana. Una región en la que todavía resuenan mensajes caducos que asocian la biología que define al hombre y la mujer, a sus comportamientos y roles. Estos argumentos tienden a igualar la experiencia de todas las mujeres cuyas consecuencias conllevan a la casi inadvertida cosificación de roles y estereotipos de género. Es una pura construcción histórica, una ideología del poder masculino que se ha impuesto y una nefasta injusticia —una más de tantas— que sigue vigente en estos días. Definitivamente la literatura nos ofrece una perspectiva profunda sobre las brechas de poder y riqueza, y como expresión cultural, nos permite comprender la injusticia social a través de historias humanas. Las nuevas narrativas centroamericanas tamizan estas realidades a través de sus personajes e historias. Y si ha tenido la oportunidad de leer la obra de la joven escritora guatemalteca Zayda Noriega, sabrá a lo que nos referimos.

Hoy en Centroamérica entre líneas, transitaremos por La robamaridos y otros relatos de Zayda Noriega.

Esta obra es una colección de microcuentos que refleja la realidad de la vida en Guatemala, tanto en el espacio rural, como en la ciudad. Su autora recrea viñetas que retratan la pobreza y desesperanza de los menos favorecidos, especialmente de las mujeres. Zayda establece un retrato de la sombría realidad de la condición de la mujer. Con ojo crítico, señala cada agravio, insulto, y desprecio hacia la mujer, mientras que sus protagonistas destacan por su entereza de espíritu y por las numerosas formas en las que han logrado sobrevivir en un ambiente hostil.

En el relato Su hijo, la escritora narra:

Manuel estaba tranquilo. Con calma le habló a Estrella mientras se alejaba lentamente de la pared.

- Si querés a tu hijo vas a tener que venir conmigo, porque lo que soy yo, no lo abandono – le aseguró a la mujer, quien luego de sollozar y pensar bien las cosas, salió de la puerta del patio y siguió a su bebé.

La robamaridos, esta microficción que le da el título a la colección de relatos de Zayda Noriega, ofrece la cruda narrativa del abuso infantil, y la denuncia de la complicidad y procesos de enajenación mental, que aqueja a las protagonistas mujeres y madres de algunas de sus narrativas breves. La propia escritora manifiesta que estos microrrelatos deben leerse el cuento completo para comprender quién es la robamaridos, pues en sus relatos, los juicios se desarman y las etiquetas se desvanecen.

Por amor, Fulgencio, Sábado de Gloria, Tres franceses, El libro, La puerta, Las amigas de Gertrude, Así eran ellos, Pepe, El niño de las gradas, La motosierra, Leche y cereal, La promesa, La riña o El Magnolia son algunos de los cuarenta y seis microrrelatos incluidos en La Robamaridos. Historias que la autora ha escuchado, ha presenciado y ha vivido; microhistorias de personajes anodinos que están en el imaginario de una ciudad tan ecléctica y convulsa como Guatemala, con experiencias cotidianas de personajes anónimos y marginales algunos, concentradas en cada relato, pero que algunas de ellas están relacionadas. Como se puede apreciar en las microhistorias Desayuno, Ora sí, El ensayo, Leche y cereal y La promesa, que hilvanan la historia de la pareja rota compuesta por Alfredo y Esther y su hija Paola cuyas voces se complementan para narrar los hechos desde sus diferentes perspectivas.

El transitar entre las micro ficciones de Zayda ofrece la misma sensación de cuando estás viendo un álbum de fotografías, donde aparecen los personajes en distintos momentos y situaciones y la persona que las observa puede entender que hay imágenes cruzadas que cuentan historias que, en algunos casos son independientes y en otros, entretejen su narrativa como si de un collage fotográfico se tratase. Y Zayda tiñe de opresión, tristeza e impotencia el transitar por este álbum de narraciones breves.

En palabras de la prologuista de la obra, la socióloga, profesora e investigadora mexicana, Consuelo Meza Márquez, las historias de las niñas que tienen experiencias sexuales muy tempranas o que están en medio del incesto y del abuso, son parte del imaginario visual de las foto-historias de Zayda Noriega. Hay una insistencia en dejar en evidencia los males que atraviesa la sociedad en medio de la hipocresía, el simulacro y la falta de valor para enfrentar sus males sociales y ponerles un fin. La vida cotidiana de familias sin futuro expone a los antihéroes de estos microrrelatos que Zayda va entretejiendo con cierto humor, ironía y desencanto, respecto a las falsas apariencias y la solapada complicidad con la cual las madres, las abuelas, las parientas y los familiares tratan de ocultar los fuertes males del patriarcado, en medio del cual sobreviven medio lúcidas y en algunos casos totalmente enajenadas.

La figura de la maternidad está puesta en discusión y en análisis en una buena cantidad de estas historias. Las malas madres y las abuelas son cómplices de los abusos sobre la niñez tanto de niños como de niñas. Las madres de estos relatos también se han criado bajo los miedos a los cuales han sido sometidas por los maridos, los amantes, los compañeros y los familiares, lo cual les impide hablar y proteger a sus propios hijos, al punto que son capaces de sacrificarlos. En general, Zayda expone la complicidad fuerte que aqueja a las mujeres de sus historias.

En el relato Descalzo, la autora escribe:

La madre de Marco falleció durante el parto ayer, dejándolo a él y a sus cinco hermanas al cuidado de su empobrecida abuela. Esto ocurrió a principios del siglo XX, cuando las condiciones eran precarias y las distancias, largas. Las mujeres de su familia siempre volvían a parir en casa con sus madres.

Y si la obra recoge relatos sobre maternidad, también el tema de la paternidad se ve retratado en estas minificciones, especialmente tratada de una manera visceral, porque intenta discutir los excesos a los que puede conducir el sistema patriarcal, en un contexto en el que tanto los personajes femeninos como los masculinos, dilucidan sus vidas.

En el relato Marrón, la autora narra:

-Bueno cabrón – le reclamaba el hombre de ojos zarcos, mientras que con el pashte le restregaba su piel marrón con tal fuerza que el agua alrededor se tornaba rosada – a ver si hoy te quito lo indio, porque si no, no sos mi’jo.

Pero por más que su padre se esforzara, el niño seguía siendo tan moreno como su madre, quien observaba la escena sin atreverse a enfrentar a su esposo.

La mayoría de microficciones ofrece anécdotas para la reflexión de una sociedad que no protege a la niñez y tampoco tiene empatía con la pobreza y la precariedad de la vida en una ciudad asediada por distintas violencias.

En su relato El ganador, Zayda escribe:

Justo en el momento en que Ángel se asomaba por el cruce hacia la tortillería, lo interceptó una bala perdida, algo nada inusual por esos días dado el conflicto entre pandillas.

Y temas como el sistema patriarcal y la cuestión identitaria se patentizan en varias de las historias de los relatos de Zayda. En el relato Contestona patentiza el prejuicio y la complicidad con el sistema patriarcal que termina culpando a las mujeres y sus genealogías. La abuela sabe del abuso sufrido por la niña, pero no quiere que ella lo cuente. Le da vergüenza que lo diga y usa del subterfugio de la culpa cristiana para disculpar el abuso del que ha sido objeto la niña por uno de los miembros de la familia. Zayda reflexiona sobre el tema de los excesos de la cotidianidad en nuestras sociedades que permiten estos abusos o tratan de encubrirlos.

La autora escribe:

Nanita nunca se había atrevido a hablar sobre Alejandro, su primo, hasta una tarde cuando Carolina tenía once años.

- No hay necesidad que andés hablando de lo que pasó entre tú y tu primo. Él es buen muchacho. Cometió un error, pero él es buen. ¡Vieras cómo ha sufrido!

Las palabras heredadas de las generaciones pasadas ya sean de los abuelos y abuelas, ya sean de las voces jóvenes de nuestros padres o de aquellos vecinos que nos contaron historias que, a su vez, a ellos también les habían contado, son nuestro legado oral de valor incalculable. Y el recordar estas historias nos hace retrotraernos no solo al relato en sí, sino a todo el escenario en el que nos lo contaron; historia y escenarios dan forma a esos recuerdos que enriquecieron la vivencia de escucharlos. La intimidad de lo cotidiano nos ofrece una conexión con lo irreal o tal vez, con lo real inventado por un imaginario compartido. Las mejores historias son las que se cuentan con diversidad de voces. Las historias de los abuelos y abuelas pueden ser geniales, pero está en nuestras manos crear nuevas para poder transmitir ese mismo sentimiento de genialidad a las generaciones venideras. Y esto es justo lo que Zayda Noriega ha hecho con esta publicación de relatos breves.

La autora de La robamaridos y otros relatos realiza con esta obra un ejercicio de memoria personal. Zayda, que incursiona por primera vez en la narrativa pues todo su anterior trabajo había sido en el campo de la poesía, afirma que ella anotó en libretas sus historias familiares, sus propias vivencias y experiencias que había escuchado. Y decidió convertir todas esas experiencias en 46 microrrelatos, en un compendio de las historias que había escuchado, que había presenciado y que había vivido. Su mosaico de microrrelatos lo escribió en apenas tres semanas, aunque el boceto lo llevaba años gestando. Cada cuento es una ventana a la niñez, a los padres, a los tíos que contaban historias entre risas y silencios. A las vecinas que guardaban secretos en sus patios. A las mujeres que sobrevivieron sin que nadie las nombrara.

Para Zayda Noriega, La robamaridos y otros relatos es totalmente un libro de denuncia. Ella afirma que es muy importante la defensa de los derechos de las mujeres. Una de las mayores enfermedades que tiene la sociedad guatemalteca es la violencia hacia las mujeres y hacia los niños. De hecho, muchas de las vivencias plasmadas es sus relatos breves se basan en lo que observó en juzgados de niñez y adolescencia. Precisamente el relato que da título a la obra es un caso que escuchó en la sala de espera de estos tribunales.

Zoyda Noriega Toledo heredó el amor por las letras de sus padres, los reconocidos escritores guatemaltecos Enrique Noriega y Aída Toledo, y fue apadrinada literariamente por la también escritora guatemalteca Ana María Rodas. De hecho, su obra La robamaridos arranca con una amable dedicatoria a los que gracias a ellos ella escribe.

Para Aída Toledo y Enrique Noriega

padres y escritores excepcionales.

Y claro, no pueden faltar Ana María Rodas

y Luis Eduardo Rivera, mis padrinos.

Si escribo, es por ustedes.

(Pausa)

Zayda Noriega es una escritora valiente. A su regreso a Guatemala, tras una larga estancia en Estados Unidos, ella decidió relatar lo impactante de la realidad guatemalteca en muchos aspectos. Ella afirma que urge que las mujeres hablen desde sus experiencias y reconozcan que muchas son parte de esta violencia que se sufre; pues ella misma es una sobreviviente del abuso sexual infantil. La literatura tiene un papel coyuntural en ayudarnos a comprender, asimilar y lo más importante, a no olvidar. La literatura forma parte de nuestras vidas, y contar nuestras historias, nos permite abordar ficcionalmente las voces de quienes padecen directamente las consecuencias de la violencia en cualquiera de sus facetas contra la mujer.

La voz narrativa de Zayda Noriega nos permite no sólo penetrar en esos espacios domésticos donde se siguen realizando prácticas de abuso, que deberían estar prohibidas, y que generan violencias extremas en nuestras sociedades en el contexto actual, sino también comprender el importante papel que tienen las narrativas y poéticas de las nuevas generaciones de escritores de Guatemala y por extensión, de Centroamérica por la responsabilidad adquirida de impulsar un cambio de nuestro entorno centroamericano. Y en este sentido, Zayda Noriega demuestra con sus microficciones que sabe el camino a seguir para que las literaturas de la región expongan, narren, reciten y griten desde la ficción, las injusticias, desigualdades y violencias como un mecanismo de denuncia, toma de conciencia y sobre todo de acción para el cambio.


Zayda Noriega escribió La robamaridos y otros relatos y La pepita editorial la publicó en 2025.

Zayda Noriega nació en 1991. Percusionista, letrista, cantante y escritora guatemalteca, llevó estudios universitarios de comunicación, periodismo y producción audiovisual. Aunque su vocación hacia las letras parecía clara, en la universidad ella decidió estudiar Comunicación y música, y se ha dado a conocer como percusionista y compositora bajo el nombre artístico de Zayda Bongos.

Durante su experiencia de vida en Estados Unidos, a los 14 años se incorporó al periódico de la universidad en la que estudiaba y llegó a ser directora de una sección de crónicas. Sus primeros poemas aparecieron publicados en una revista literaria que editaba anualmente la universidad.

Zayda ha publicado en antologías y participado en festivales de poesía como el Festival de Arte Balún Canán, en Chiapas México y en el Festival Internacional de Poesía en Aguacatán de Guatemala. En 2009 ganó el premio Rick Bragg a la redacción de largometrajes en Estados Unidos y en 2024, el Concurso Nacional de Cuento y Ensayo María Goubaud de Castillo, por el libro La robamaridos y otros relatos, su primera obra publicada por La Pepita Editorial.

Este proyecto editorial fue fundada por la escritora e investigadora hispano-guatemalteca María Odette Canivell. La Pepita Editorial, especializada en la promoción de la literatura escrita por mujeres guatemaltecas, está inspirada en la figura de María Josefa García Granados y Saborío, conocida como La Pepita y considerada como referente de las mujeres escritoras de Guatemala. Como parte de su compromiso con el desarrollo literario, Editorial Pepita organiza diversas actividades, incluyendo talleres y concursos de escritura diseñados para incentivar la participación de nuevas autoras, destacando el Concurso Nacional de Poesía Femenina Odette Arzú Castillo y el Concurso Nacional de Literatura Femenina María Goubaud de Castillo.

Fuentes consultadas:

  • Noriega, Zayda. La robamaridos y otros relatos. Guatemala: La Pepita Editorial, 2025. ISBN: 978-9929835054.

  • Cinco escritoras son reconocidas por dos editoriales de mujeres (2024). En: Ruda, Cuerpo y territorio (12 de diciembre). Recuperado de: enlace.

  • Mendizábal, Ana Lucía (2024). Escritoras emergentes se alzan con premios literarios. En: EP investiga (22 de diciembre). Recuperado de: enlace.

  • Vásquez, Marisol (2025). Exploran intimidades con fuerza narrativa. En: Diario de Centroamérica (12 de noviembre). Recuperado de: enlace.

  • Vásquez, Marisol (2025). Noriega: “Escribe para ti y en tu libreta”. En: Diario de Centroamérica (3 de marzo). Recuperado de: enlace.

  • Vicente, Jacqueline (2025). La Pepita Editorial: Un espacio para la literatura escrita por mujeres en Guatemala”. En: Guatemala.com, actualidad (13 de febrero). Recuperado de: enlace.

  • Alvarado Chávez, Mayra Varinia (2011). Recuperar huellas de mujeres en el arte. En: La cuerda, miradas feministas de la realidad (año 13, no. 151). Recuperado de: enlace.

  • Vázquez Reyna, Noé (2025). Las mujeres de La Pepita. En: Casi Literal (8 de febrero). Recuperado de: enlace.

  • Hacia una agenda política de las mujeres políticas: ¿por dónde empezar? Guatemala: Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, 2023. Recuperado de: enlace.

Discusión sobre este episodio

Avatar de User

Por supuesto, sigue adelante.