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Centroamérica entre líneas: un blogcast de libros
Casa de Efraín Caravantes| T4.E71
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Casa de Efraín Caravantes| T4.E71

centroamérica entre líneas es un blogcast de libros.

El vanguardismo, movimiento cultural que eclosiona en Europa a principios del siglo XX, al calor del inicio a la primera guerra mundial, surgió en medio de una crisis religiosa, filosófica y cultural que desencadenó en una desacreditación y destrucción de muchos de los valores instaurados en aquellos días. Los artistas de vanguardia buscaban desafiar los límites impuestos por la tradición; y el desarrollo sin precedentes de las ciencias y las nuevas tecnologías fue un factor decisivo para ello. La regla era la experimentación con nuevas nociones de belleza y fealdad. El vanguardismo estableció un punto de inflexión entre el arte y la cultura, a través de la liberación del espíritu creativo. Estas corrientes abordaron la renovación del arte desde planteamientos divergentes y se plantearon su función social, desplegando recursos que rompían o distorsionaban los sistemas más aceptados de expresión artística no solo en pintura, sino también en escultura, teatro, literatura, arquitectura o la música.

En Centroamérica, la literatura vanguardista comenzó a tomar forma en las primeras décadas del siglo XX, influenciada por estos disruptores movimientos vanguardistas europeos y latinoamericanos. Este período estuvo marcado por profundos cambios políticos y el auge de movimientos artísticos que cuestionaban la realidad social y política del momento. En la región centroamericana, la vanguardia se caracterizó por la ruptura con las formas literarias tradicionales, el academicismo y las estructuras clásicas. La experimentación formal se convirtió en el núcleo de esta nueva literatura, destacando la fragmentación, el uso de imágenes oníricas y la introducción de un lenguaje innovador. La consolidación de las vanguardias literarias abrió paso a la poesía visual en Centroamérica, donde la tipografía, el espacio y la imagen se unieron para cuestionar la tradición, expresar crisis sociales y redefinir la identidad mestiza de la región. Caracterizada por la experimentación formal y la libertad espacial, los poetas abandonaron la estrofa y la rima clásica para usar la página en blanco como un lienzo, influenciados por el cubismo y los caligramas de Guillaume Apollinaire, en cuyos juegos visuales el texto dibujaron su propio significado. Las letras cambiaron de tamaño, orden y dirección para gritar o sugerir movimientos en el papel. La poesía visual implicó el desplazamiento de la base del poema desde el verso hacia la disposición visual de la palabra sobre la página y en el caso de Centroamérica, se convirtió en una corriente artística y literaria que combinó la palabra escrita, la tipografía y la imagen.

Y en pleno siglo XXI, la poesía visual, de la mano de una nueva generación de escritores, rompe con la página tradicional para expresar identidad, memoria, política y resistencia a través de formatos gráficos, objetos, instalaciones o recursos digitales. La actual poesía visual de la región es una fusión de lenguajes, donde se hibridan el diseño gráfico, la plástica y el verso, acuerpando un marcado contenido social y político, de denuncia de desigualdades y violencia histórica y el empoderamiento identitario que explora identidades indígenas, afrodescendientes y del territorio istmeño. Los poetas visuales centroamericanos ahondan en la experimentación espacial, trasladando los versos más allá del papel, hacia los carteles, el performance, los murales y las instalaciones artísticas de un marcado carácter contemporáneo.

Algunos artífices de este rompedor género literario son los guatemaltecos Manuel Tzoc, poeta y artista visual maya k’iche’ que explora el cuerpo, la memoria, la identidad, la disidencia sexual y la hibridación de lenguajes, Regina José Galindo, artista y poeta que utiliza su propio cuerpo en acciones de alto impacto para denunciar la violencia social y de género, Héctor Véliz, creador visual que elabora poesía experimental e invisible usando radiografías y tintas especiales y Marlov Barrios: artista visual, poeta y músico que, a través del dibujo, la escultura, los murales y la arquitectura articula un diálogo con las palabras y sus implicaciones semánticas y fonéticas, hacia una integración en el campo sonoro y musical.

La costarricense Silvia Piranesi, cuyas poéticas se caracterizan por su transgresión plástica y uso de códigos visuales, los nicaragüenses Carl Rigby, poeta y promotor cultural cuya obra cruza la oralidad, la música y la imagen del Caribe nicaragüense y Mario Cuadra, artista visual y muralista vinculado a la plástica contemporánea y la expresión poética urbana. La hondureña Kris Vallejo, poeta y artista plástica, cuyo lenguaje verbal convive con texturas, formas orgánicas y elementos pictóricos en sus muestras visuales y poemarios, y Gustavo Campos, poeta, narrador y ensayista que ha explorado la fragmentación visual y discursiva del espacio literario en antologías digitales y textos experimentales.

Las salvadoreñas Blanca Quiñónez, poeta visual enfocada en el collage y la deconstrucción de la realidad femenina en el país, Abigail Reyes, reconocida artista visual salvadoreña cuya obra plantea una fuerte carga de poética e instalación conceptual en el espacio público y por supuesto el artista-poeta, tal vez uno de los poetas más experimentales de la traviesa nueva literatura salvadoreña, con cuyo poemario nos adentraremos en una dimensión profunda de espacios cotidianos como metáforas de la identidad, del cuerpo, de la memoria que nos habita y atraviesa.

Hoy en Centroamérica entre líneas transitaremos por el creativo y rompedor poemario Casa del poeta y artista multidisciplinario salvadoreño Efraín Caravantes.

Casa es un poemario y a la vez una obra estética producto de la creatividad y del trabajo visual del meta artista salvadoreño Efraín Caravantes. Casa es una simbólica iniciativa literaria cuya lectura nos conduce por pasillos que, para recorrerlos, es necesario sumergirse en la oscuridad, deconstruir lo construido para renacer mediante ese tránsito en el que nos veremos en la obligación de cuestionar nuestro origen, el amor, el deseo, el dolor, la identidad apegada a un territorio hostil en constante mutación. En esta Casa no existe el tiempo ni el espacio, es un mundo sin techo, oscuro y a su vez luminoso, edificado sobre la arena, donde Caravantes es cuerpo y alma, concepto y esencia de este edificio dinámico.

Para el académico e investigador salvadoreño Mike Anastario, en el poemario Casa, Efraín Caravantes ofrece una meditación indómita sobre el hogar. Aquí, “hogar” se expande más allá de la noción convencional, orientándose hacia ensamblajes que albergan a humanos, no humanos e incluso al propio cuerpo concebido como un sitio de habitación temporal y frágil. Situada en las realidades precarias de El Salvador del siglo XXI, Casa insiste en los procesos de descomposición y reensamblaje que marcan la vida doméstica y el entorno más amplio. La obra de Caravantes resuena con el nuevo materialismo: escenifica el hogar como algo multiescalar, en constante transformación e inseparable de la inevitabilidad de la muerte, y, aun así, como una fuente de consuelo e imaginación. De esta forma, el poeta Efraín Caravantes recita:

No supimos nunca de límites ni nombres,

por eso las paredes no dejan de extenderse:

entre ellas encerramos nuestras sílabas

más pequeñas y silenciosas.

Para Marlen Argueta, investigadora, periodista y gestora cultural salvadoreña, Efraín presenta una casa como metáfora de la identidad, del cuerpo, de la memoria que nos habita y atraviesa. Casa no se edifica con muros, sino con palabras, sombras, ecos, músicas y restos de otras voces. Es un texto que habita la frontera entre la oscuridad y la luz: es un claro de luna. Caravantes levanta, desde la poesía, una arquitectura de fragmentos que dialogan en un mismo espacio simbólico. Su obra no se limita a recordar, reinventa, reconstruye. Une tiempos, lenguajes y miradas donde cada fragmento se funde. Casa es también un rayo que nos atraviesa de manera universal. Más que un libro, una resonancia: el cuerpo que contiene y el eco que, al repetirse, nos reconstruye... o nos destruye. El poeta Efraín declama:

CUERPOS CELESTES BAILAN ALREDEDOR

del sol, del corazón, del verbo,

como nuestros antepasados bailaron

alrededor del fuego, marcando el ritmo

de días y noches, estaciones,

ciclos de aire, humedad, sonido y color.

Y más adelante, escribe:

[…]

Cada sílaba es el eco

de un corazón desconocido,

cada uno de los millones de pasos

viene describiendo el fruto del viaje,

la pertenencia al instante,

la construcción del movimiento.

Las nuevas generaciones de poetas centroamericanos en general, y Efraín Caravantes en particular, utilizan la poesía como un espacio de construcción simbólica, en el que los versos establecen vínculos entre la experiencia individual y la realidad social. A través de innovadores recursos poéticos, la palabra trasciende su dimensión estética para dialogar con las tensiones, conflictos y transformaciones de la sociedad centroamericana. Y Efraín es un claro ejemplo de ello. Pues como afirma el escritor, profesor y gestor cultural peruano Emilio Paz Panana, “el poeta, y escritor en general, salvadoreño no es ajeno a la peculiar resistencia y lucha diaria: luchar por la memoria, luchar por la libertad, luchar por el amor, luchar por los más desfavorecidos.”

La obra de Efraín incorpora elementos del lenguaje en una composición plástica que puede “verse de un solo golpe”. Esto hace de la poesía visual algo mucho más directo que la poesía tradicional, cuya estructura determina una lectura verso por verso. Incide de una forma directa en nuestras formas de vida, porque cuando cambiamos la forma de este lenguaje, estamos cambiando todo el significado de sentir, mirar y ser. Y la poesía visual de Efraín se propone estimular en el individuo sus sentimientos, su capacidad perceptiva y elaborar otros universos.

De hecho, esta fue unas de las razones por las que este metapoemario de Efraín Caravantes fue ganador del XLIII Juegos Florales de Zacatecoluca, en la rama de Poesía. Para los miembros del Jurado Calificador, Efraín tiene una robusta noción de la estética que se complementa con amplias referencias a la cultura, las artes visuales, las tradiciones de la vanguardia, como lo es la poesía visual, la cultura pop y la música. Por medio de formas experimentales, actualiza temas como el amor, la fibra existencial, lo intangible, el universo; todo ello íntimamente ligado a San Salvador y a la alegoría de la casa, como cuerpo, una casa-mujer que, al mismo tiempo, busca ser resignificada.

Y así lo afirma Caty Martínez, representante de la Cámara salvadoreña del Libro y amiga de centroamérica entre líneas. Para ella, los poemas de Casa han sido escritos y dibujados con suma delicadeza y elegancia, llevándonos a recorrer, bajo la metáfora de la casa, todo aquello que habitamos o deshabitamos. Este viaje transita desde los brazos maternos que nos protegen, el lugar donde crecimos, una canción, una calle, una ciudad, un amor, una amistad, un libro o un poema, hasta esas casas que se transforman en escombros, pero que seguimos mirando con belleza y añoranza. El poeta Efraín declama:

Tomamos los restos de un sueño,

algunas fotografías, algunos trapos,

palabras que no significaban ya nada

y las llevamos, pesadas, sobre los hombros,

hacia otro lugar donde ser depositadas.

En el quehacer poético de Efraín Caravantes, la hibridación de medios se establece como un mecanismo de construcción identitaria. Cuando un formato o un soporte no encuentra por sí solo la forma de contar, el poema recurre a otros lenguajes, materiales y formas de expresión para completar aquello que permanece fuera de sus límites. Palabra, imagen, cuerpo, objeto y memoria dialogan y se contaminan mutuamente, dando lugar a una escritura que no se conforma con representar una identidad, sino que la construye en el propio proceso de experimentación. La mezcla de medios se convierte así en una forma de búsqueda: allí donde un lenguaje resulta insuficiente, aparece otro para ampliar, tensionar o incluso cuestionar lo que puede ser dicho. La identidad, en consecuencia, no se presenta como algo fijo o previamente establecido, sino como un territorio híbrido, fragmentario y en permanente construcción.

Karen Estrada Romero, politóloga, gestora cultural y artista visual salvadoreña, afirma que, en su obra, Efraín construye una transición entre las diversas formas de concebir una casa: desde lo íntimo que supone asumir el cuerpo como estructura habitable hasta la inmensidad del mar, entendido como ese espacio que se puebla y contempla a quienes lo habitan. Las imágenes que nos presenta se integran, se funden en simbiosis y sinergia, ofreciéndonos una advertencia sobre lo que implica habitar: un manual de instrucciones que se incorpora a los cuerpos, los deseos, los sentires, a la inmensa intimidad.

Bajo los muebles, en los rincones,

los ecos y sus sombras se reproducen.

Incesantemente, la herencia nos persigue

en cualquiera de las direcciones.

recita el poeta Efraín Caravantes.

Y es que cuando un lenguaje no encuentra la forma de contar, la identidad busca otro medio para hacerse visible. Y Efraín es un experto en esa búsqueda. Tanto abriendo las fronteras físicas de los poemas hacia la plasticidad de un arte indómito como su lenguaje, en el que conviven expresiones clásicas con coloquiales, recurriendo a técnicas como el montaje, incrustando citas cotidianas, de libros, películas, metal alternativo, hard rock, en un mosaico que cuestiona la noción de la autoría autónoma y solitaria, para proponer una autoría heterónoma que se plasma en un texto vivo, habitado por muchas voces: la casa es, pues, espacio plural y compartido. Por eso planteamos que la poesía visual de Efraín nos sumerge en la esencia de la literatura transmedia. Esa literatura cuyos relatos aparecen interrelacionados manteniendo, a su vez, independencia narrativa y sentido completo, como una historia explicada desde diferentes perspectivas según el medio empleado ya sea un libro, un cómic, un post, un spot, una serie de televisión o un videojuego. Y que en el caso de la poética de Efraín es el arte plástico contemporáneo el que complementa, expande y maximiza su poética permitiéndonos participar activamente para explorar y completar el sentido global de cada poema.

Las imágenes que acompañan la versión en español del poemario Casa son auténticos collages de la serie Manual de instrucciones, que Efraín produjo entre 2016 y 2018 y que concibió como las ilustraciones que debían acompañar el texto, aun cuando este no estaba terminado. Aunque las ideas iniciales sobre este poema vienen desde 2014, lo escribió de manera más consistente entre 2019 y 2020. A partir de 2021, ya con el texto concluido, comenzó a concebir y producir otras obras muy distintas formalmente, pero que también estaban vinculadas con él. Aunque todas las obras creadas a partir de Casa sean formalmente distintas entre sí, este poeta-artista creyó necesario mostrar una selección más o menos cronológica dentro de este impulso creativo. Después de todo, Casa es, precisamente, un espacio plural en el que conviven una gran cantidad de registros expresivos de la experiencia humana, y que son, sobre todo, aceptados e incluso deseables.

Un ejemplo de esta hibridación de expresiones artística-poéticas es cuando el poeta escribe:

AMAR ES EL VERBO.

Déjà visité. Quinta Istmania.

Esta casa es una perla que vino desde el mar,

ahora es un barco descansando dentro

de la botella claroscura de San Salvador.

Esta composición se acompaña con la ilustración de su obra Service and Support, realizada en 2016. Presenta una imagen intervenida a partir de una publicidad de Sony Ericsson. En ella aparecen dos cuerpos humanos, uno de una mujer y el otro de un hombre, fusionados entre sí por sus cabezas. Con torsos desnudos y cuyos rostro y cuerpo han sido fragmentados mediante franjas horizontales que alteran y ocultan parcialmente su imagen. El recorte está superpuesto sobre una página de texto publicitario, creando un contraste entre la imagen comercial, el cuerpo y la intervención artística. Esta obra produce así una sensación de fragmentación y desdoblamiento de la identidad, como si la persona representada estuviera construida a partir de distintas capas de imágenes, discursos y miradas. La apropiación de un anuncio comercial y su transformación en una pieza artística refuerzan precisamente esa tensión entre identidad, representación y medios de comunicación.

Efraín Caravantes es en esencia un metapoeta. Su poética cuenta con dos diferentes niveles discursivos paralelos. En el primero, el poema en sí, escrito en palabras impresas. En el segundo, que discurre paralelamente al primero, y entremezclado con él, las expresiones artísticas que moldean la propia vida del poema y que nos ayuda a reflexionar sobre su propia naturaleza, su origen, condicionamientos y demás circunstancias. De igual forma, la textura transmedia de su poética nos lleva a apreciar otra capa de complejidad en el desarrollo de los distintos poemas, apreciando ciertos rasgos ergódicos en el planteamiento caligramático de sus versos.

En estos casos, las palabras alteran la estructura misma de su trama poética y modifican el acto de leer. Esta lectura no lineal, rebelde y caprichosa es una de las características de la literatura ergódica: esa literatura que requiere un «esfuerzo relevante» por parte del lector para apropiarse del texto, implicando, en algunas ocasiones, explorar diferentes caminos o interactuar con elementos del texto para descubrir la historia completa. Por ello, el diseño editorial en las narrativas ergódicas se convierte en el mejor aliado para lograr el objetivo pues, rompiendo las normas tradicionales para generar diferentes sensaciones y efectos en el lector, se transforma la forma de leer. Tal y como Efraín Caravantes hace en este poemario visual. Así lo podemos apreciar en unos de los caligramas que el poeta escribe:

EL CAMINO NO EXISTE, NUNCA.

Por más que millones

hayan pasado por él y hable,

todas las palabras son en vano.

Quédate conmigo, vive conmigo,

un día y una noche

y te mostraré el origen

de todos los poemas.

El arte visual no es el único medio que extiende las fronteras simbólicas de los poemas rebeldes y traviesos de Efraín. La versión gemela en inglés podría considerarse como otro elemento adicional que agranda la dimensión transmedia del Poemario Casa. Si bien es cierto que podría ser una estrategia editorial de abrir un espacio a los literatos salvadoreños en los escenarios literarios anglófonos, especialmente en Estados Unidos, la versión en inglés ofrece una capa extra de textura al texto en español. Pues como expresa la traductora, la artista multidisciplinar y escritora salvadoreña Aida Esmeralda, no es una simple traducción, sino un poema gemelo, armónico con respecto a la versión en español y que para ello fue necesario construir una estrecha relación tanto con el poeta como con la editora del poemario. De hecho, la traducción del poemario supuso un reto para ella pues debió entender todas las ventanas que abría, la polifonía de voces y la diversidad de referencias que tejen y atraviesan el poemario; y, sobre todo, respetar la musicalidad que el poema en español transmite. El propio poeta Efraín considera que uno de los mayores logros de Kalina, sello editorial de Casa, ha sido demostrar que la literatura salvadoreña existe también fuera de sus fronteras físicas. Las ediciones bilingües y el diálogo con la diáspora han permitido conectar comunidades dispersas y crear nuevas redes de lectura.

El metapoeta Efraín Caravantes es el autor más experimental de las nuevas voces poéticas de El Salvador. Desde sus primeras incursiones en el arte, mostró su espíritu de ruptura y su reacia personalidad a las convencionalidades. Ha expandido su creatividad en múltiples aéreas: grabado, escritura, audiovisuales. En cada una de ella ha mostrado ser una verdadera mente artística. Para Efraín Caravantes, el “ser artista es una de las cosas más extrañas que existen en el mundo”, y para el, “esa extrañeza y esa fascinación por la sorpresa de ser artista es un misterio”. El considera que hay distintas formas de llegar a ser un artista; hay quien quizás podría hacerlo sin el paso por una academia, sin el paso por un taller… En su caso, la formación con la poeta, ensayista, académica y antóloga salvadoreña Silvia Elena Regalado fue totalmente decisiva porque fue ahí donde comenzó todo. Efraín tenía intereses y venía escribiendo cosas en cuadernos, aunque fueron sus experiencias en el taller las que marcaron un rumbo y complicidad con las artes. Su base incluye dibujo, cerámica, escultura, grabado, diseño y pintura, además de una fuerte carga teórica en historia de la música y literatura.

Es INEVITABLE,

echamos abajo una casa solo para levantar una nueva,

dejamos una ciudad solo para llegar a la siguiente,

deshacemos el mundo solo para crear otro.

Declama el poeta Caravantes.

En la cubierta y portada del poemario Casa aparece la antigua construcción conocida como la “casa abandonada” de Playa La Puntilla, en la zona de Costa del Sol, de San Luis La Herradura, un municipio del departamento de La Paz en El Salvador. Esta quedó abandonada después de los daños provocados por el mar y por el huracán Mitch en 1998, habiendo sido demolida en 2022 debido a su deterioro. Y como contrapeso al abandono erosionado por el paso del tiempo, está la imagen en la contraportada de este poemario de una ilustración realizada por la madre del poeta y que expresa un optimismo existencial frente a la desidia de la casa en ruinas. Esta es un dibujo de carácter simbólico y casi cartográfico, en el que distintos elementos parecen construir una representación fragmentada de un territorio y, al mismo tiempo, de una experiencia personal. Un paisaje construido a partir de signos elementales: una casa, un camino sinuoso, flores, árboles y grupos de letras que se distribuyen por toda la superficie. Estos elementos no parecen buscar una representación realista, sino construir una especie de mapa íntimo, donde escritura, paisaje y memoria se superponen. La repetición de letras y formas gráficas convierte el lenguaje en una materia visual: las palabras dejan de ser únicamente portadoras de significado y se transforman también en imágenes. La casa, situada en el centro, puede entenderse como un espacio de pertenencia o refugio, mientras que el camino que se extiende hacia ella y atraviesa el paisaje introduce una dimensión de tránsito, memoria o búsqueda. Y así lo expresa el poeta Efraín:

Casa

es nuestra herencia compartida.

Ahora sé: aunque otras cosas florezcan o declinen

estas piedras serán su monumento y el mío.

Esta es la única casa que he construido

y la hice especialmente para vos.

El poemario Casa de Efraín Caravantes nos abraza en su inicio con una cita de Maurits Cornelius Escher.

Un experimento personal, un edificio en el que uno mismo debe cavar los cimientos y levantar las paredes, tiene muchas posibilidades de convertirse en un cobertizo destartalado; y, aun así, uno podría preferir vivir allí antes que en un palacio construido por otra persona.

Maurits Cornelius Escher fue un artista neerlandés conocido por sus grabados xilográficos, sus grabados al mezzotinto y dibujos, que consisten en figuras imposibles, teselados y mundos imaginarios. Sus obras experimentan con diversos métodos de representar espacios paradójicos en dibujos de dos o tres dimensiones. Y en el poemario Casa, Efraín le rinde un pequeño homenaje:

En 1947, Maurits Cornelius Escher

diseñó otro mundo en una xilografía.

Varias décadas después, en un periódico,

un niño de unos 10 años lo descubrió

y supo algo: al mundo solo va quedándole espacio

para lo increíble, lo fantástico, lo imposible.

Tal vez ese niño de 10 años fue el poeta Efraín. Y con el paso del tiempo, ese niño se construyó, deconstruyó y volvió a construir sabiendo que sólo la poesía podría ofrecer ese imposible que necesita el mundo que habitamos. Por eso se convirtió en poeta aunque afirma que la mayor parte de él aún está por nacer. Tal vez todavía el no es consciente del poder de sus palabras y del hecho de que paulatinamente la relación entre versos y realidad social se desplaza de la palabra escrita hacia la imagen: sus versos sugieren una realidad que no puede expresarse únicamente mediante un discurso lineal y por eso el poemario Casa convierte así el territorio en texto y el texto en territorio: ambos se mezclan para construir una memoria fragmentaria, personal y colectiva. Tal vez en el mundo, además de lo increíble, lo fantástico, lo imposible, también queda un espacio para la poesía en la que habitamos. Para los versos, como los de Efraín Caravantes, que se convierten en nuestro hogar; que nos recuerdan

lo que somos

al vivir lo que no hemos vivido.

Efraín Caravantes escribió Casa y Editorial Kalina la publicó en 2025.

Efraín Caravantes nació en 1983. Es un artista metaliterario salvadoreño. Desde 2008, su obra visual y gráfica ha sido presentada en numerosas exposiciones colectivas, tales como El grabado como pretexto – Salón de Grabado, Original múltiple, Diálogo visual – Salón de dibujo y Esto no es una degeneración: ¿Arte joven en El Salvador?, entre otras y a nivel individual, las exposiciones Semen: Los moldes del azar en 2015 y Obra gris en 2025. Su arte forma parte de colecciones privadas en El Salvador y en el extranjero. De su quehacer como escritor, su escritura ha sido publicada en diversas antologías y revistas centroamericanas. Su poemario Casa obtuvo, en 2020, los XLIII Juegos Florales de Zacatecoluca, del departamento de La Paz en El Salvador. Obtuvo el primer lugar en poesía en el I Certamen Letras Nuevas con el poemario Memoria de poemas en 2004 y el tercer lugar en el XI Premio de Arte Joven por la obra Naturaleza muerta, creada en conjunto con Javier Ramírez-Nadie, en 2010.

Aída Esmeralda, artífice de la traducción al inglés del poemario Casa, es una escritora y artista interdisciplinaria salvadoreña. Su poesía ha sido publicada en revistas como New England Review, Seventh Wave y The Offing, entre otras. Colectivamente con otros agentes culturales de la región centroamericana, ha presentado sus investigaciones y obras de arte en Estados Unidos y Centroamérica, incluyendo el Festival Trinacional de Poesía de Oriente, en Chiquimula, Guatemala.


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Fuentes consultadas:

  • Caravantes, Efraín. Casa. San Salvador: Editorial Kalina, 2025. ISBN: 978-99961-79-16-7.

  • Casa (2026). En: El Escarabajo (26 de marzo). Recuperado de: enlace

  • Mixco, R. (2025). La memoria se construye en «Obra Gris» de Alfaro y Caravantes, una mirada a la ruina urbana del país. En: El diario de hoy (8 de diciembre). Recuperado de: enlace

  • Moz, Andrés (2025). Presentación de Casa, de Efraín Caravantes. En: Canal de YouTube del Salvadoran Cultural Institute (25 de junio). Recuperado de: enlace

  • Efraín Caravantes (2026). En: Béhance. Recuperado de: enlace

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